jueves, 23 de abril de 2009

Conversación con Reynaldo Lacámara, Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Por Alfredo Lavergne


Nos juntamos con el poeta en Santiago, Almirante Simpson 7, local de la SECH y “Casa del Escritor”. Específicamente en el segundo piso, lugar desde donde preside el gremio de los escritores chilenos desde 2006.

Durante la gestión de Reynaldo Lacámara se ha trabajado por la integración de todos los escritores, talleres literarios de y para los socios, organizó el Encuentro Internacional de Escritores 2007 y personalmente es el motor, hoy junto al Directorio de la actual SECH, de la propuesta de anualidad del Premio Nacional de Literatura y para recuperar la representatividad de la SECH en dicho premio.
En una entrevista al periodista Mario Casasús nos comenta; - Este es un tema muy querido por los escritores chilenos. A estas alturas resulta tragicómico que en la deliberación del Premio Literatura más importante que entrega el país, no exista representación real de los escritores-.
Mientras preparamos los café que nos acompañarían en la conversación, anuncia; - Que en trabajo con las autoridades correspondientes, se ha logrado para que antes de marzo del 2009, se vote en el Congreso Nacional la reincorporación de un jurado SECH en la elección del Premio Nacional de Literatura .
Él con dos cucharadas de azúcar y yo con una, para comenzar con la primera pregunta:


AL: Dos de los socios de la SECH recibieron el Premio Novel de Literatura, Gabriela Mistral (1945), Pablo Neruda (1971) y cuenta con no pocos galardonados con el Premio Nacional. ¿Háblanos de la historia del gremio que presides?

RL: Los escritores en Chile, talvez seamos los agentes culturales mejor instalados en el imaginario colectivo de nuestra gente. Ocurre un fenómeno sintomático en relación a lo anterior: cualquier chileno, no importa su edad o su ubicación social, se siente representado por sus escritores. En el caso específico de Mistral y Neruda (especialmente con éste último), existe además una apropiación social que trasciende en mucho lo meramente literario. Podríamos establecer una analogía, entre lo planteado, y lo que se refiere a la presencia de la Sociedad de Escritores de Chile en la vida nacional por más de 75 años. Nuestra entidad es reconocida y asumida como un espacio de fraternidad literaria, pero al mismo tiempo en ella también se reconoce a un actor protagónico en aquellas áreas donde, inevitablemente, la literatura se entrelaza con el ser humano situado, a veces en coordenadas existenciales dramáticas y dolorosas. Así quedó demostrado durante la Dictadura Militar, a través del compromiso de la Sociedad de Escritores de Chile con las víctimas de la represión política, el retorno a la democracia y los DD.HH en su integralidad. Eso nuestro pueblo no lo ha olvidado. Los escritores estuvimos donde había que estar. Del lado de la verdad y la justicia.


AL: Sabemos que Presidente y directores de la SECH son socios no remunerados. ¿Cómo subsiste y quiénes apoyan económicamente el gremio de los escritores?

RL: Nuestros costos operativos anuales los cubrimos por medio de tres vías: una subvención otorgada por el Ministerio de Cultura, otra subvención otorgada por la Municipalidad de Providencia y finalmente con lo recaudado por concepto de cuotas pagadas por los socios.


AL: ¿Cuáles son los requisitos para ser miembro de la SECH y cómo pueden participar en el gremio los escritores chilenos que residen en el extranjero?

RL: Para integrarse a la SECH es necesario tener, por lo menos, un libro publicado, llenar la Ficha de Inscripción que debe venir, además, patrocinada por dos socios activos, cancelar la cuota de Inscripción y esperar la decisión del Directorio al respecto.


AL: Cotidianamente visitan el local de Almirante Simpson 7, escritores becados de México, Cuba, USA, etc. ¿Cuáles serían los acuerdos con gremios hermanos de América y resto del Mundo?

RL: En estos momentos estamos trabajando el Proyecto de la Unión Latinoamérica de Escritores, que pretende dar cuenta de temas transversales en nuestra América, como por ejemplo: pensiones y sistema de salud para los escritores que han dedicado su vida a trabajar por la cultura y no a lucrar de su oficio. También apuntamos a generar instancias de identidad cultural que nos permitan reconocernos a partir de nuestras características prototípicas como: el paisaje cruzado por nuestras selvas únicas en el mundo, el mestizaje, la oralidad de los pueblos originarios. La idea fundamental es la de la Patria Grande creciendo integralmente a partir de una historia de atropellos en la cual la literatura ha sabido dar cuenta de la historia no oficial de nuestros pueblos. Creemos en la posibilidad de un futuro construido a partir de la palabra como núcleo de un nuevo modo de relacionarnos.


AL: En Chile se aplica un impuesto del 19% al libro. Me parece que es una de las razones de la baja de nivel de lectura de los chilenos. ¿Existen otras y qué propone la SECH para contrarrestar el preocupante índice de lectura del chileno?

RL: Si bien resulta curioso, por decir lo menos, que un país como el nuestro grave los libros con un IVA de esas proporciones, también hay que aclarar que no es esa la única causa del bajísimo nivel lectura que ostentamos en Chile.
Existen factores, principalmente relacionados con un modelo cultural funcional y no analítico ni reflexivo, que apuntan directamente a la construcción de modelos sociales (o matrices culturales) en los cuales el sujeto irreflexivo, encapsulado, superficial y consumista, es el modelo de habitante para la polis del consumo, el éxito y el individualismo.
Desde esta perspectiva, lo más preocupante sigue siendo, un hecho relacionado directamente con lo expuesto hasta aquí: dentro del porcentaje de chilenos que aún poseen interés real por la lectura, el nivel de comprensión de aquello que leen es casi nulo.
Entonces, cualquier Plan de Fomento de la Lectura, que realmente quiera impactar en la sociedad y transformarla no puede obviar este último y preocupante punto de análisis y acción.


AL: ¿De qué manera participa la SECH en el Ministerio de Cultura, en el Consejo del Libro y en los premios nacionales?

RL: Nuestra presencia está marcada por la participación de dos escritores, socios de nuestra entidad, en el Consejo del Libro y la Lectura. Organismo asesor, consultivo y deliberante de la sra. Ministra de Cultura Paulina Urrutia.


AL: Disculpa; al ciudadano, poeta y Presidente de la SECH, no podemos en tiempo de crisis global no preguntar. ¿Qué pasó y qué no se está haciendo?

RL: Nadie puede sorprenderse demasiado ante el escenario de crisis global que se ha instalado. Cuando la especulación viene a ocupar el espacio económico que debería protagonizar la producción de bienes (con su correlativa generación de empleos), ahí entonces el dinero es instalado como un producto de alta rentabilidad en sí mismo y no como un instrumento de intercambio. Esta desnaturalización salvaje de las relaciones económicas, tan propia del sistema neoliberal, es la que nos ha conducido al momento actual. Un sistema económico basado en la especulación, en que basta un capital, un computador y un teléfono para producir ganancias, es además un espacio de deshumanización creciente y brutal.
Tal vez, esta crisis nos sirva a todos para volver a poner las cosas en su lugar. Especialmente, reubicar al ser humano como centro y eje no sólo de la economía, sino de todos nuestros quehaceres y proyectos.
En lo político, lo anterior se expresa claramente en los impedimentos que lo intereses económicos han ido instalando de modo solapado, pero eficaz, al proceso de paz en Medio Oriente. Asistimos en estos días, al cruel e inhumano bombardeo de la Franja de Gaza por parte de la Fuerza Aérea de Israel y aparte de las esperadas declaraciones llamando a una paz y entendimiento sin exigencias para el agresor ni acciones a favor del agredido, las grandes potencias económicas y políticas no han hecho nada.


Reynaldo Lacámara nació el año 1956 en Santiago de Chile. Vivió su infancia en la ciudad de Rosario, Argentina. De regreso a Chile, residió en las ciudades de Curicó (1970-1982) y Linares (1982-1984). Desde 1985 reside en Santiago. Estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad Católica de Valparaíso. Preside la SECH desde el año 2006.
Bibliografía. Huellas Humanas, 1989. Desde la más clara Orilla 1995. Pasajes de Otoño, Editorial LOM, 1997. Lota Sobre la Tierra, 2000. Esta delgada luz de tierra, Pequeño Dios Editores, 2007 y La Columna, Ediciones Cortina de Humo, 2008.

Acerca del compromiso del escritor




por Rodrigo Alejandro Jara Reyes

A veces, desde el sueño, me viene la imagen de Melville, solitario, lo veo tomar nota en el barco ballenero que sirvió de inspiración a Mobi Dick. En otras ocasiones, pienso en la experiencia de Jorge Teillier y de Teófilo Cid, en lo radical de sus opciones poéticas y existenciales. También suelo recordar a Baudelaire y a Rimbaud, que apostaron la bolsa, la vida y lo que quedaba de sus almas en descomposición, de esa apuesta nos quedó el siglo XX literario.

A partir de estos ejemplos y de otros tantos que nos ofrece la historia de la literatura, me pregunté y todavía me pregunto por las formas de ejercer el oficio de escritor. Pienso por ejemplo en los profesionales, en aquellos que se pasan la vida promoviendo sus obras de feria en feria o en esos que luchan con la tarea imposible de sacar un libro de calidad al año y, voy a decirlo con todas sus letras, me provocan indigestión. Al parecer, el monstruo del mercado termina engulléndolo todo, incluso a aquellos que debieran ser sus más enconados detractores. No obstante, hay algo que no se les puede negar, se ganan el pan honradamente (venden nada más, pero nada menos que la conciencia de la tribu).

En otros momentos, me he dado a la tarea de observar con detención el panorama de los escritores que comparten conmigo esta época y descubro en todas partes las luchas entre grupos e individuos. Se pueden oír los codazos, las cuchilladas, los disparos a mansalva. Los veo apropiarse de algún espacio, de una tarima, de algo de lo que ofrece el Estado o cualquier otra entidad financista, haciendo gala del más puro darwinismo artístico. Yo mismo me he visto en más de alguno de estos quehaceres y cuando me sorprendo, la indigestión se vuelve virulenta y vomitiva.

El panorama que acabo de describir es desolador, pero que quede claro, no todos los barcos navegan con los vientos Alisios. Existen de aquellos creadores que todavía escriben porque sí, porque no pueden hacer otra cosa, porque si no lo hacen una parte importante de ellos se muere, porque quieren hacer su aporte a la justicia universal y a la libertad.

El escritor no es, o mejor dicho no debiera ser un entretenedor de masas ni un encantador de serpientes, tampoco un malabarista de la palabra ni un masturbador de géneros literarios. Un escritor, un poeta de verdad, es un explorador de las profundidades existenciales de lo humano, un hombre que lucha por encontrar la verdad y porque se haga justicia en la tierra. No hablo de la verdad material e histórica, porque esa corresponde a los historiadores, hablo de una verdad más radical, la que intenta responder a las preguntas de siempre: ¿quiénes somos o qué somos?, ¿porqué nos toca este destino y no otro?, ¿quién nos envió aquí si es que alguien o algo nos envió?, ¿cómo se entiende la muerte en medio del barullo del mundo? etc . No se equivoca Sábato cuando dice en Abaddón, el exterminador que“...un gran escritor no es un artífice de la palabra sino un gran hombre que escribe...”(1)
En este mismo sentido, quizá los escritores debiéramos oír y, más que oír, aprender de memoria las palabras de Jorge Teillier “Porque no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre. De que le vale escribir versos a tanto personaje resentido y sin puerta de escape que vemos deambular por el mundo literario” (2).
Quisiera recoger también a uno de los más lúcidos poetas de Chile, Enrique Lihn, quien, refiriéndose a Kafka, señala respecto de la relación del creador genuino con la búsqueda de la verdad: “... se mantiene fiel a un modelo muy antiguo del hombre, como en una infancia milenariamente prolongada, pariente cercano del primer lingüista, del mago remoto, del creador de mitos y religiones... este individuo que no ha dejado de abordar la realidad desde los ángulos más inesperados, dejándose sorprender indefinida, ilimitadamente por ella, parece menos resistente que las otras piezas del mecanismo social, pero es, más bien, el órgano... cuya perturbación podría delatar, a pesar de una apariencia saludable, una enfermedad de todo el cuerpo”(3)

Un escritor que no reconozca la búsqueda de la verdad, la justicia y la dignidad del ser humano como las directrices de su vida y de su trabajo, se queda desnudo, se transforma en un creador de artificios, un cultor del ingenio y no del genio. Un fariseo capaz de armar castillos de cristal en medio del hambre y la miseria, en fin, un proto-artista ocupado en vender su conciencia al mejor postor.

Entonces, ¿de qué compromiso estamos hablando?, no es un compromiso político por cierto, aunque podría serlo, porque el escritor es siempre oposición inteligente e inclaudicable. Se trata más bien de un compromiso con lo humano, con la verdad a secas, verdad que incluye lo psicológico, lo espiritual, lo político, lo económico y social como un todo que se entremezcla en la conciencia. De este caos que es la vida, surge la obra como un astro que otorga luz y sentido.

(1) “Abaddón el exterminador” Biblioteca de bolsillo Seix Barral, 1983.
(2) “Sobre el mundo donde verdaderamente habito o la experiencia poética” de Jorge Teillier. Extraido de la “Antología de la poesía chilena contemporánea”, Alfonso Calderón, 1970.
(3) “Definición de un poeta” Enrique Lihn. Extraído de “El circo en llamas”, recopilación de artículos, ensayos y prólogos de E. Lihn, recopilados por Germán Marín. LOM ediciones, 1996.