lunes, 31 de agosto de 2009

Nuestra SECh, expresa su plena adhesión a la carta enviada por los Escritores, intelectuales y artistas mapuches a la Sra. Presidenta de la República



............ Poesía de y para los Pueblos Originarios

CARTA PÚBLICA DE ESCRITORES, INTELECTUALES Y ARTISTAS MAPUCHES Y CHILENOS A LA SEÑORA MICHELLE BACHELET JERIA, PRESIDENTA DE LA REPÚBLICA DE CHILE


Sra. Michelle Bachelet Jeria,
Presidenta de la República de Chile,
Presente:

Ante la grave situación que afecta, una vez más, a las comunidades mapuches de la provincia de Malleco y que ha cobrado una nueva víctima indígena en la persona del joven campesino Jaime Facundo Mendoza Collío, los escritores, artistas e intelectuales mapuches y chilenos abajo firmantes le señalamos lo siguiente:
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1) Consideramos inaceptable que en un sistema político que se autocalifica de democrático, la represión policiaca se haya entronizado sin control alguno en las empobrecidas comunidades mapuches que demandan sus tierras ancestrales. La represión policial en la Araucanía, -que a nuestro juicio es ya una política de Estado- ha terminado con la vida de Alex Lemún (17 años), Matías Catrileo (22 años) y Jaime Mendoza Collío (24 años) en los años 2002, 2008 y 2009 respectivamente.

2) La acción descontrolada y violenta de las fuerzas especiales de carabineros también ha afectado a mujeres, ancianas y niños, quienes han sido gaseados con bombas lacrimógenas, golpeados, humillados y torturados en los frecuentes operativos policiales de allanamiento realizados en la zona. Muchas de estas acciones policiales han sido cubiertas por la prensa nacional e internacional y denunciadas por organismos de DD.HH de Chile y el extranjero.

3) Los procesos judiciales en los que se imputa a comuneros mapuches son rápidamente resueltos, generalmente declarando culpables a los imputados indígenas. No ocurre lo mismo cuando se trata de juicios en que las víctimas son mapuches. Ejemplo claro de lo anterior son los casos emblemáticos de Alex Lemún y Matías Catrileo: sus victimarios, ambos policías, aún no reciben las sanciones debidas.

4) El 42% de la población mapuche de La Araucanía subsiste bajo la línea de pobreza y el 15% vive en la indigencia. Esto significa que en la actualidad más de 100.000 mapuches se mantienen en la extrema pobreza considerando sólo a dicha región. Esto quiere decir, además, que pesar de la política subsidiaria y de “discriminación positiva” que lleva a cabo el Estado, los programas de apoyo a las comunidades indígenas resultan irrisorios e ineficaces para subsanar y reparar una economía mapuche urbana y campesina dañada desde hace más de un siglo por la usurpación y la expoliación sistemáticas.

5) Las comunidades y organizaciones mapuches han demostrado durante estos dos siglos de República, especialmente desde 1883 en adelante -año en que el Ejército anexa mediante una cruenta guerra el territorio mapuche al estado de Chile- su indeclinable vocación para el diálogo y la búsqueda de soluciones concertadas a sus demandas y problemáticas. Sin embargo, el Estado, el poder judicial, las fuerzas policiales y los medios de comunicación chilenos han satanizado, criminalizado, reprimido, distorsionado y castigado todos los procesos sociopolíticos de este pueblo, generando a lo largo de 126 años una vergonzosa e impune cadena de asesinatos, usurpaciones, desalojos, torturas y encarcelamientos que han afectado al menos a cuatro generaciones mapuches.

6) Durante 126 años, a pesar de las condiciones adversas en la que ha tenido que desarrollarse, la población mapuche ha aportado al país su trabajo, su esfuerzo cotidiano y su creatividad, asumiendo a la vez una paciente y pacífica defensa de su identidad y su cultura. Queremos señalar con esto, Señora Presidenta, que LA SOCIEDAD MAPUCHE NO SE HA LEVANTADO EN ARMAS CONTRA LA SOCIEDAD CHILENA; la sociedad mapuche no ha usado armas para plantear sus legítimas demandas, derechos y aspiraciones. Sin embargo, la sociedad chilena y sus instituciones ha dado a la población mapuche un trato sustentado en la violencia militar, claramente discriminatorio, convirtiendo en los hechos al indígena en un sujeto sospechoso y de segunda clase para todos los ámbitos del quehacer nacional.

7) Por último, demandamos a su gobierno el pronto esclarecimiento del asesinato por la espalda del joven Jaime Mendoza Collío, suceso acaecido el 12 de agosto del presente año. Exigimos, además, que se sancione a los culpables materiales e intelectuales de este deleznable hecho y el cese inmediato de las acciones represivas en las comunidades mapuches de La Araucanía. Demandamos de su gobierno acciones concretas tendientes a regenerar un diálogo horizontal y realmente democrático con las comunidades y a hacer efectiva una política indígena inclusiva que incluya el rápido cumplimiento de las promesas y objetivos presentes en el Pacto Reconocer y el Convenio 169.
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miércoles, 26 de agosto de 2009

11ª Feria del Libro de Ñuñoa



La Cámara Chilena del Libro, la Municipalidad de Ñuñoa y su corporación Cultural, tienen el agrado de invitarle a la 11ª Feria del Libro de Ñuñoa.

La muestra, que se ha consolidado como un evento de gran importancia para la comuna, es una plataforma de encuentro para el lector y los autores y una cita obligada para los amantes de los libros.

Como ha sido tradicional, la feria tendrá lugar en la Casa de la Cultura de la Comuna (Irarrázaval 4055) del 27 de agosto al 6 de septiembre y funcionará con entrada liberada en horario continuado de 11:00 a 21:00 hrs.

Esta nueva versión promete entretenidas y variadas actividades culturales y literarias: presentaciones de libros, talleres, narraciones de cuento, música y teatro. La exhibición y venta de libros estará a cargo de 30 expositores los cuales mostrarán las últimas novedades editoriales disponibles en el mercado nacional.

Con alegría y satisfacción los invitamos a participar de este acontecimiento.


Actividades en la Feria del Libro de Ñuñoa


Domingo 30 de agosto a las 17:30 horas
Recital Poético “Cuatro Flores y un Florero”
Participan:
Teresa Calderón, Lily Díaz,
Alfredo Lavergne,
Ximena Troncoso y Jazmín Fauaz.
Modera: Elisa Maturana
Organiza: Sociedad de Escritores de Chile


Domingo 6 de septiembre a las 12:30 horas
Conversación
“Narrativa contemporánea de un país virtual”
Participan:
Poli Délano, Gregorio Angelcos,
Rolando Rojo, Marco Aurelio Rodríguez
y Camilo Marks.
Modera: Eduardo Robledo
Organiza Sociedad de Escritores de Chile
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lunes, 24 de agosto de 2009

Jorge Edwards en la SECh






por Ángel Pizarro

El martes, 8 de septiembre próximo, a las l9 hrs, concurrirá el escritor Jorge Edwards a la Casa del Escritor, Simpson 7, Metro Baquedano, invitado por la Sociedad de Escritores de Chile (SECh), para conversar sobre su libro El inútil de la familia, Buenos Aires, Alfaguara, 2004, 358 páginas y del personaje objeto de esta biografía, Don Joaquín Edwards Bello, su "tío en segundo grado", como él, escritor, Premio Nacional de Literatura (l943) y además de Premio Nacional de Periodismo.

Jorge Edwards, Premio Nacional de Literatura l994, Premio Cervantes l999, Miembro de La Academia Chilena de la Lengua, condecorado con La Orden Gabriela Mistral, de Chile, y de Caballero de La Orden de las Letras y las Artes, de Francia; columnista de importantes diarios de América y Europa; seis libros de cuentos, nueve novelas, tres de biografías y ensayos, tres de obras periodísticas, que se enmarcan entre "El patio", cuentos (l952) y "La casa de Dostoiewski"(2008).

La existencia de este "tío en segundo grado", no nombrado en las conversaciones familiares de su clase social, intrigó a Jorge desde su infancia. Entrevistó en la adolescencia, conquistó su fantasía, que se transformó en admiración en su juventud y de objetivo profesional en su madurez. Don Joaquín se distanció de su familia y abjuro de su clase. Profesó apasionadamente como escritor, novelista y cuentista, ensayista y periodista, arquetipo del croniqueur, cuyas páginas desafían las edades. Jorge Edwards escribe sobre Don Joaquín: " fue un rebelde, un solitario, un francotirador, en cierto modo un maldito... Pero, finalmente sus méritos y aportes "fueron reconocidos oficialmente". "Fue irreverente con respecto a los poderes establecidos en su conjunto, y esto lo llevó a vivir como un ser aparte, un marginal, un excéntrico", desvelando en sus libros, a partir de "El inútil" (1910), las taras, carencias y debilidades de su entorno.

La presentación de este libro de Jorge Edwards, en un diálogo entre el autor y Ángel Pizarro, con participación del público, facilitará el conocimiento y la comprensión de la personalidad literaria y humana de ambos escritores y de sus obras, como ha ocurrido en las presentaciones de los libros "Ventura y desventura de Eduardo Molina", de Alfonso Calderón, recientemente fallecido, al que debemos un homenaje por su generoso aporte el 4 de junio del 2009, y de "Los sueños del pintor", libro de José Miguel Varas, ambos escritores galardonados con el Premio Nacional de Literatura, en l998 y 2006, respectivamente.

Conversaciones en Privado




por Eduardo Robledo



A cargo de la editorial Cuarto Propio, con fecha octubre de 2004, se editaron las “Conversaciones en privado”. Aunque ya ha transcurrido un quinquenio de su publicación, “Conversaciones en privado” amerita una relectura que no dejará indiferente a un lector que se encontrará con la vigencia y la precognición de temas abordados desde una realidad determinada y su esperado desenlace.

En esta publicación sólo bastaron las ganas de conversar entre tres poetas de distintas generaciones. En un lugar de la sala –biblioteca--, sentado y con un cigarro en la mano, el más maduro, Armando Uribe Arce, poeta, ensayista, abogado, diplomático y premio nacional de literatura año 2004. En la segunda silla, el poeta y profesor de filosofía de la Universidad de Chile y Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS), Miguel Vicuña, y por último, el más joven de ellos, el poeta y ensayista Eduardo Vassallo, quien completa la triada que se dio siete aquelárricas citas en la casa de Armando Uribe. Ahí el olor a café en grano, el buen cigarro y, por supuesto, el abrazo protector de una biblioteca de libros amasados por la memoria y el gusto agudo del anfitrión. En ese espacio afín se disponen los comensales a cultivar la antigua usanza de “el arte de conversar”. Se engarzaron las múltiples temáticas abordadas con una esgrimida mnemotecnia que contribuyó al enriquecimiento de una estructura conversacional expedita.
Para imbuirse mejor en este libro el lector debe sentirse como el cuarto invitado, que asiente o disiente interactivamente del resto. Estas siete “Conversaciones en Privado” se subtitulan en: “La furia del bombardeo Aéreo”, “Caminar del transeúnte Pálido”, “Café del Comercio”, “De la capitanía general”, “Más murmura que grita sus poemas”, ”De boca a oreja”, “Viva Chile”. Por razones de espacio y para no caer en reseñas que limitarían en esencia el contenido del diálogo, solo ahondaremos en la primera de las siete conversaciones: la invasión a Irak.

El tema fue más que suficiente para que Uribe desplegara un análisis exhaustivo e inspirado de la crisis a la que el mundo estaba siendo arrastrado. En tal contexto, menciona la misión vaticana del cardenal francés Roger Etchegaray para dialogar con Saddam Hussein. Días antes de que comenzara la guerra, el prelado declaró que el panorama “podría constituir el inicio de una tercera guerra mundial”. Dicho sea de paso, no dudo de la seriedad del cardenal, más aún si lo ratifica el mismo Uribe. Pero la agorera frase se desentiende de la estadística para la conveniencia de la curia romana que sabe perfectamente que ya estamos en la tercera guerra mundial, en el sentido que el número de muertos en guerras donde participan las indirectas o activas acciones norteamericanas después de la segunda guerra mundial, iguala o supera la carnicería pasada. Después, el malogrado Papa conmina las homilías a los hombres para seguir el derrotero de la paz y con eso dar por saldado el aporte vaticano al inminente peligro que corre la humanidad. En esta conversación no se dejó de lado la secreta petición de Inglaterra al gobierno chileno de entonces para que éste propusiese a espaldas de Estados Unidos la fórmula inglesa “que exigía a Irak cinco rubros de los seis que contenía el ultimátum de Inglaterra, Estados Unidos y España, y un nuevo plazo de tres semanas, es decir de veintiún días” (sic). El ignorantazgo chileno se creyó la proeza diplomática manejada por la canciller Alvear, pero finalmente se supo quién era el titiritero y sus ingentes esfuerzos por ganar un poco de tiempo a objeto de esclarecer algunas posibles dubitaciones al interior de la administración británica. Claro todo esto, antes que las Naciones Unidas pasaran a ser arqueología, dada la complicidad expresada en la falta de voluntad política del ex secretario general Kofi Annan para decir frontal y enérgicamente ¡no a la maquinaria norteamericana! para redundar posteriormente en el retiro de los inspectores de las Naciones Unidas del suelo iraquí.

Por ello, el hipo mímico (calificativo usado por Vassallo) Annan perdió la credibilidad, relegando a su sede a ocupar casillas de tercería en el concierto internacional. Con posterioridad a esta primera conversación transcurrieron meses y la guerra siguió viva con la carne al descubierto de cientos de niños que gritaban en la noche llamando a su madre (también muerta) bajo los escombros de un edificio. Al respecto leamos de Uribe: “en distintas civilizaciones se ha presentado en las cosmogonías y religiones, la posibilidad del fin del mundo, del fin de la humanidad y la naturaleza, pero hasta el año 45, en agosto, no se había presentado en ninguna de las civilizaciones ni agrupaciones humanas desde la prehistoria, la posibilidad de que por obra de algunos hombre, pueda, efectivamente, acabarse la naturaleza y los seres humanos del mundo”.

En el transcurso de siete conversaciones aparecen diversos paréntesis cuadrados, correspondientes al hablante interno de Vassallo, el que, conjetura circunstancias anecdóticas, divaga e ilustra con más datos al lector o cuarto invitado. De esta manera oxigena por momentos la tensión del diálogo. En tal sentido, Vassallo podría haber salpicado con más de estos necesarios insertos. Leemos de Vassallo (¡hay que parar a Uribe! ¡ Detenerlo ! ¡Poner pausa o stop! Uribe está arrojado en este verdadero speech… Miguel y yo cruzamos miradas alarmantes, ¡alarmadísimas! – así las leo – que parecían decir que hay que interrumpirlo a como dé lugar… luego de un rato, mi alarma se disipa, me doy cuenta que está interesante lo que estamos oyendo, que no hay más que esperar que diga lo que quiera decir, que se canse diciéndolo -¡cosa que tal vez no ocurra nunca! Después de todo, ¿no hemos venido a oír al poeta al ensayista, al político, al embajador y al Uribe – rabia? ). Si viene cierto, Uribe fue el conversador más percutido por las acechanzas temáticas de Miguel y Eduardo, quienes tampoco se quedaron atrás en dar continuidad a sus propias apreciaciones. En estas siete conversaciones los poetas panean y desguazan pluri-temáticamente: desde la importancia de la palabra oral sobre la escritura en cuanto a la autenticidad verbal. También se habló de la locura de cómo ésta se representa en los distintos estadios de la vida humana, con especial inclusión de los poetas. De otro lado, se hace interesante la relación de enlaces primordiales con la Alemania nazi en la doctrina exterior americana liderada por Kissinger. Luego, Estados Unidos y su creciente decadencia económica expresada en el factor de la disminución de la inversión extranjera, indicios que antelan el estrépito del imperio del Norte. Así mismo, la notoria refutación de Armando Uribe a los estudios publicados por el historiador Francisco Encina. El poco compromiso de los inmigrantes y sus descendientes, quienes hicieron fortuna en la tierra que les acogió. El desglose exhaustivo de Uribe sobre el desarrollo histórico de la nacionalización del cobre, o las remembranzas de un poeta dulce y creador de la nueva novela y de otra mirada poética en la persona de Juan Luis Martínez, además de la propuesta de un tratamiento crítico para el poeta viñamarino. Estos y otros tópicos componen el cuerpo de 357 páginas, actas conversacionales donde no sólo Armando Uribe hace gala de sus vastos juicios y abultados conocimientos, pues se encontró con dos interlocutores cargados de jaques al descubierto, sorprendiendo regularmente al obseso verbal de un Uribe que impacta y devela la inclinación religiosa que carga sobre sus espaldas… ¿Cómo un hombre más ligado a la dialéctica del pensamiento puede mantener incólume creencias doctrinarias que hoy están en franca retirada? Como sea, el libre albedrío todavía es una regla universal.

Finalmente se puede afirmar que estos diálogos deberían estar presentes en la radio, televisión y en la misma prensa escrita, en tanto recogen la clarividencia intelectual de verdaderos líderes de opinión como los publicados por la editorial Cuarto Propio, impronta de un género casi desconocido en Chile que coronó con estas siete “Conversaciones en privado”, supliendo un vacío de la memoria histórica, literaria, estética, filosófica, religiosa y política de nuestra sociedad.

sábado, 15 de agosto de 2009

Marcelo Lillo una voz resplandeciente desde Niebla



Marcelo Lillo, es un caso rarísimo de la literatura chilena, siendo un escritor inédito a pesar de escribir desde los quince años, es publicado por una editorial española que lo instala como uno de los escritores más destacados del círculo nacional.

por Omar Cid
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O.C. ¿Cómo nace el escritor Marcelo Lillo?

M.L.
Hay una parte de esa pregunta que te puedo responder y otra que no se debe, pero se puede contar. Empecé a escribir a los quince años, es decir, en 1973, leía desde los cinco años y de ahí pasaron treinta y cinco años, hasta verme publicado.

O.C. ¿La decisión de publicar, en qué momento la tomas?

M.L. Yo no tomé esa decisión, la tomaron otras personas por mí, pensé que iba a morir inédito y de eso estaba prácticamente convencido, por una sola cosa, cuando vives en provincia, la única forma de publicar es que tú financies, una “publicación”. Actualmente el escritor de provincia, junta un millón de pesos, pide un préstamo, saca su libro con 500 ejemplares y de ahí viene el problema ¿Quién distribuye ese trabajo? ¿Dónde se distribuye? Te quedas con las cajas de libros en tú casa. Entonces se empieza a repartir entre los amigos y el asunto se queda ahí, entonces para mí, esos no son escritores, con todo el respeto que merecen, pero eso no lo quería para mí.
Bueno, pasaron muchas cosas entre medio, ejercí como profesor, rector de un colegio, hasta que en un momento, me dije que si tenía un talento, debía explotarlo y trabajarlo. A esas alturas había ganado a lo menos 25 premios, pero nadie me quería publicar.
Entonces renuncié a mi trabajo, vendimos las cosas y nos fuimos a Niebla, en realidad primero a Mehuín, una caleta muy desolada, ahí estuvimos en los años 2002 - 2005 y de ahí empezaron a pasar cosas, envié un cuento al Paula, no lo gané, pero una de las personas del jurado dijo, este cuento es de Marcelo Lillo, lo buscó, me llamó y me dijo que lo iba a enviar a Ignacio Echevarría, el crítico más importante de España en ese tiempo. Lo leyó él y luego me llamó por teléfono y me dijo, mándame diez cuentos, si me gustan los publicamos en España, eso fue el 2006, le envié el volumen de cuentos llamado El fumador y otros relatos, los leyó y los envió a Random House, donde los publicó la editorial Caballo de Troya, en mayo del 2008 y después me publica Mondadori aquí en Chile, en Julio del 2008, ahí empieza la historia.

O.C. En Gente que baila sola, el primer relato pareciera que existe una apuesta por el mundo interior.

M.L. Lo que pasa es que ese cuento, es una venganza contra mi abuela, porque soy hijo adoptado, en ese tiempo cuando niño no lo sabía, mi abuela me echaba de su casa sin imaginarme por qué.

O.C. Sin embargo en esa historia hay universalidad, está Niebla pero también los problemas del mundo.

M.L. Tienes razón, yo pensé que Niebla iba a estar fuera de los relatos, sin embargo está presente, ahora debo confesarte que el libro no lo he leído después que terminé de corregirlo, lo voy a retomar. Pero me han dicho que existen temas como la muerte y la soledad que se repiten y eso no lo puedo evitar, en relación con “El Fumador y otros relatos” y eso no lo puedo evitar.

O.C. ¿Qué referentes literarios sientes cerca de tú trabajo?

M.L. Raymond Carver, Capote entre un sinnúmero de autores que aportan su intelecto y sensibilidad, pero que uno los toma para elaborar su propia voz.

O.C. ¿Crees que el contexto de las nuevas tecnologías integradas a la creación literaria ayudó a tu despegue?

M.L. Sin duda, piensa que mi caso, es uno de los pocos, por no decir único, de una persona que a los cincuenta años es publicada por editoriales españolas, sin antes ser nadie, evidentemente, que la globalización en su lado positivo aportó, porque convengamos que posee también un rostro bastante crudo.
Pero el punto era que a mí me parecía increíble que nadie se interesara siquiera en publicarme, tal vez en un exceso de ingenuidad me costaba aceptar que un editor con dos dedos de frente, no revisara los concursos de mayor relevancia, para ver quién se repite el plato. A veces pienso que únicamente publican a los amigos.

O.C. ¿Cuál es tu visión de lo que pasa en la literatura chilena?

M.L. Desde lo estructural no tengo opinión desconozco, pero con mi señora, hemos hablado sobre la escasez de publicaciones chilenas de las grandes editoriales -dos o tres, hasta julio de este año- será un problema de los escritores chilenos, de los editores, no tengo respuesta.
Lo que es un hecho, es el limitado mercado editorial, la capacidad de consumo, de interés cultural es muy inferior en Chile al de otros países, donde las personas por un tema de formación, se sienten llamados a tener un libro de temas que aborden los tópicos de nuestro tiempo. Eso en Chile no ocurre y los culpables de eso se escapan de mis manos.

O.C. ¿Qué es más importante para ti, el crítico o el escritor?

A los únicos críticos que les hago caso, es a mí mujer y a Ignacio Echavarría, que por cierto ya no escribe críticas.


Marcelo Lillo, escribe desde los quince años, sin embargo a los cincuenta publicó su primer libro. El fumador y otros relatos, Ediciones Caballo de Troya, España. Vive en Niebla desde donde escribe los trece relatos de Gente que Baila sola, Random House Mondadori, junio de 2009.

martes, 11 de agosto de 2009

Soneto para Alfonso Calderón

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Alfonso Calderón, de despedida
nos dejas tu silencio, tu sonrisa,
tus viajes largos, tu canción sin prisa
y la pedagogía de tu vida.

La paz ferviente para tu partida,
con la humildad de la modesta brisa,
un pizarrón reescrito con tu tiza
y una palabra dulce y sorprendida.

En la universidad más silenciosa
se quedará un poema en tu autoría,
una literatura incandescente,

En cada agosto nacerá una rosa
por recordar tu luz, tu poesía,
tu crónica que nunca estará ausente.


Óscar Aguilera
agosto, 2009

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domingo, 9 de agosto de 2009

Alfonso Calderón en la memoria



por Ángel Pizarro


Hace dos meses, el 04 de junio, estuvo Alfonso Calderon Squadritto dialogando con nosotros en la SECh, sobre su libro "Ventura y desventura de Eduardo Molina" y sobre este personaje de la historia literaria de Chile, que no escribió o no publicó ningún libro. La obra, una biografía a dos voces, se sostiene de principio a fin sobre las reflexiones y comentarios de Eduardo recogidas y/o redactadas por Alfonso Calderón. Sus voces se confunden, a ratos, con un lenguaje lírico que sumerge al lector en la ensoñación que cultivó este protagonista durante cincuenta años. En el trasfondo histórico se perfilan las figuras de destacados escritores y artistas que vivieron y sufrieron entre l935 y l986. Alfonso lo trata con simpatía. Verlo tan entero en esa ocasión y escucharlo exponer con tanta lucidez y gracia impedía la intromisión de cualquier presentimiento negativo.

Alfonso se fue de regreso a casa. Nos aprontábamos para tenerlo con más frecuencia entre nosotros. Había sido un visitante asiduo de la Casa del Escritor. Reconocíamos su calidez humana, su perseverancia, su memoria insondable, tanto en lo que concierne a los contenidos de las materias de su profesión como en las vivencias e imágenes de la vida cotidiana. Alfonso conservaba nombres, rostros y detalles inverosímiles de su "residencia" entre nosotros, de nuestros encuentros, de discusiones, de los primeros libros que nosotros, los emergentes de esa época, con la audacia de la inexperiencia, nos aprestábamos a publicar en los tiempos en que esto constituía una hazaña.

De su inspiración, respaldada por su memoria prodigiosa y disciplina, surgieron los dieciocho libros de poesía, los ochos tomos de su Diario, antologías propias y ajenas, una novela, libros de viaje, un libro de semblanzas de los escritores con los que se relacionó, la amable pintura de Eduardo Molina Ventura, sus clases en la Universidad antes del Golpe Militar, su exoneración, su resistencia pacífica en Chile, su magisterio en la Universidad Diego Portales, lugar donde se honran sus restos mortales en este momento, su trabajo de investigación en la Biblioteca Nacional, sus ensayos, los prólogos que dedicó, los reconocimientos obtenidos, como el Premio Nacional de Literatura en l998, Miembro de Número de la Academia de la Lengua, desde l980 y Miembro Correspondiente de la Real Academia Española, todo habla de un escritor y de un ciudadano altamente calificado profesional y cívicamente al que despedimos hoy acongojados, aunque prevalece en nuestra memoria su personalidad llena de sencillez y humanidad.
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viernes, 7 de agosto de 2009

José miguel Varas, entre la tragedia y la comedia



Con éxito se desarrolló la “Actividad Cultural; Tertulias de los Jueves a las 19 horas”, convocada por la Comisión de Cultura de la Sociedad de Escritores de Chile. Esta semana conversamos del libro "Los sueños del pintor”, con el Premio Nacional de Literatura José Miguel Varas.

Palabras del socio SECh Omar Cid


José Miguel Varas es un escritor chileno que nace en marzo de 1928, su primera publicación es de 1946 con dieciocho años, se trata de un conjunto de cuentos titulados “Cahuín”.
Desde sus inicios vinculó la literatura al trabajo periodístico -sus trabajos si se pudiera definir un hilo conductor- tienen una estrecha relación con la historia, con la memoria expresada en la búsqueda de relatos, personajes que se arman desde la vida misma o pueden ser entendidos como pequeños retratos hechos desde abajo, es el caso de Chacón como intento exitoso de biografía novelada del año 1967.
Las pantuflas de Stalin, 1990, se instalan en otro registro, el de la crónica y nos muestra a un autor suelto, sin exageraciones a la hora de ajustar cuentas con su entorno.
En el caso de los sueños del pintor, texto que nos concita hoy, estamos frente a una novela hecha según su autor a dos voces, por una parte la pluma de Varas acompañada de los sueños o pesadillas del pintor Julio Escámez.
La novela -como otras de su registro- tiene sus fundamentos en datos reales, Julio Escámez, es un pintor que nace en Antihuala en 1925, hijo de un español y una "antihualina", se traslada a Cañete, luego Concepción, para volver a trabajar en Cañete.
Fue amigo de Pablo de Rokha y Pablo Neruda (ilustrando sus libros Arte de Pájaros y Fin de Mundo).
Escámez es un hombre que recorre diferentes partes del mundo estuvo en: Italia, Alemania, India, China y Japón.
Volvió a Chile con una alemana hija de nazis, mantuvo un romance tormentoso con Violeta Parra y en 1973 se fue exiliado a Costa Rica, donde aun reside.
Para Varas, es un personaje enigmático, se trata de un gran pintor, muralista, un conversador deslumbrante, capaz de generar historias francamente escalofriantes como divertidas.
Desde mi perspectiva, el texto se arma en las riendas de Varas, de hecho el propio autor reconoce que el libro terminó por distanciar una amistad de muchos años.
A mi juicio, el escritor logra en este texto situar con precisión al personaje:
“La región era y es todavía un medio geográfico agreste, de clima húmedo y vegetación exuberante. Entonces estaba cubierta en gran parte por el bosque nativo chileno. Los agricultores hacían roces a fuego, es decir, grandes incendios controlados (teóricamente) para limpiar el terreno de árboles y dejarlo apto para sembrar trigo y otros cereales. Al subir hacia las montañas de la cordillera de Nabuelbuta aparecían inconcebibles extensiones de araucarias. En todas las laderas se alzaban sus ásperos troncos rectos y sus paraguas erizados de hojas en punta, duras como el acero, coronaban las cumbres. Hoy sólo quedan araucarias en los picos más altos y son cada vez menos, aunque fueron declaradas por ley “monumento nacional” y está prohibido cortarlas”.
El texto pareciera jugarse en guiños entre el reportaje y la biografía, encontrando en el protagonista ciertas claves superiores de lo que el premio nacional del 2006, ha buscado incesantemente en su vida literaria una cierta ”esencia de lo nacional”.
Esta particularidad sin embargo, hay que develarla, no se encuentra a simple vista, se hace necesario un esfuerzo de profundización y reflexión de los propios hechos, donde las descripciones son en sí mismas un juicio de valor:
“El pintor recuerda siempre las calles de su infancia, las casas de madera, pintadas de musgo por la humedad de los largos inviernos, otras cubiertas de láminas de zinc para defenderlas del penetro y de la lluvia, a menudo para disimular su ruina interior. Le llamaban la atención, sobre todo, las casas señoriales, de madera como las demás, pero cuyas fachadas lucían siempre remozadas y bien pintadas. De ella emanaba, como un olor o más bien una aureola visible, la pretensión. Aspiraban a mansiones. Las habitaban familias principales que constituían, por decisión propia, “La Sociedad”.
En ese sentido, la obra de Varas es expresión de un problema que aqueja hoy en día fuertemente las relaciones entre sociedad y cultura o dicho sin tapujos, entre política y literatura.
Entiéndase, no se trata de buscar en la obra del autor una propuesta revolucionaria o utópica de cualquier tipo, No. Es más bien la relación que se produce entre los campos culturales “alternativos” y el propio andamiaje de la sociedad que parece transitar por otros espacios -porque al fin y al cabo- Escámez es un personaje en extinción, una suerte de libro en sí mismo que nos abre las puertas a un Chile inexistente (no al de la ficción) al desaparecido, al que está bajo secuestro permanente.
Si se pudiera establecer una conexión entre Chacón y este texto, es el empeño del escritor por advertirnos de la existencia de “Otro Chile” en el primer texto hay un juego de imaginación, una apuesta de futuro, en el segundo un racconto, es decir, desde la experiencia del recuerdo, se cuestiona lo existente.
Varas, tiene además la virtud de expresar en sus textos el tránsito entre la tragedia y la comedia con una facilidad y sentido del tiempo literario que logra mantener al lector en una constante tensión.
“Cuando vino la gran crisis de 1929 a 1933, llegaron unos mendigos esqueléticos, llenos de piojos. La madre del pintor se apiadaba de ellos y calentaba comida para darles. La mayor parte de la gente les tenía miedo y los rechazaba. Se hablaba con espanto de la epidemia del tifus exantemático. Decían que los cesantes estaban infectados y que, para vengarse de los que no les daban nada, les disparaban piojos soplando unos canutos de papel a manera de cerbatanas”.

José Miguel Varas, nació en Santiago, en 1928. Premio Nacional de Literatura 2006. Es también un periodista de notable y larga trayectoria en la prensa escrita, en radio y la televisión. Tempranamente se inició en la actividad literaria, publicando a los 18 años Cahuín (1946), obra que no dejó en silencio a los principales críticos de la época. Sus cuentos, novelas y crónicas son una mezcla de realidad, magia y humor. Continúa su bibliografía con Sucede, Santiago, Chile, ediciones Pax, 1950. Porái. Santiago, Chile: Ediciones del Litoral, 1963. Chacón. Santiago, Chile: Talleres de la Sociedad Impresora Horizonte, 1968. Lugares comunes. Santiago de Chile: Nascimento, 1969. Historias de risas y lágrimas. Santiago, Chile: Quimantú, 1973. La Voz de Chile. Moscú, URSS: Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti, 1977. Las pantuflas de Stalin. Santiago, Chile: CESOC, 1990. Neruda y el huevo de Damocles. Santiago, Chile: Editorial Los Andes, 1991. El correo de Bagdad. Santiago, Chile: Planeta, 1994. La novela de Galvarino y Elena. Santiago, Chile: LOM Ediciones, 1995. Exclusivo. Santiago, Chile: Planeta, 1996. Cuentos de ciudad. Santiago, Chile: LOM Ediciones. 1997. Nerudario. Santiago, Chile: Planeta, 1999. Cuentos Completos. Santiago, Chile: Alfaguara, 2001. Neruda Clandestino. Santiago, Chile: Alfaguara, 2003. Los sueños del pintor. Santiago, Chile: Aguilar Chilena de Ediciones (Alfaguara), 2005. El seductor, Lom, 2006, Premio Municipal de Literatura 2007 y Conducta de un gato, Lom Ediciones, 2006; Premio Consejo del Libro 2007.

viernes, 31 de julio de 2009

La cercanía de Borges y Berkeley



por Rodrigo Jara Reyes


La cercanía de Borges y Berkeley data de los primeros años de vida del autor bonaerense, tiene que ver con la formación idealista que recibió del padre y con las experiencias de vida que, desde el principio, fueron las de un observador no participante. Datos esclarecedores nos entregan varios de sus cercanos, señalan que de niño veía pasar la vida tras la verja de su casa y, ya mayor, la escuchaba bullir tras los ventanales de la biblioteca Miguel Cané y más allá de los muros de la gran biblioteca de Buenos aires. El mundo le parecía ajeno, inexistente. Lo único válido era su conciencia y las imágenes que proyectaba ésta, imágenes que se transformarían en su modo de hacer literatura.

Si bien son varios los filósofos que influyen sobre la obra de Borges (Shopenhahuer, Hume, Nietszche), uno de los más importantes es Berkeley. A decir verdad, Los principios del conocimiento humano, del prelado inglés, sobrepasan cualquier otra influencia ideológica. En dicho libro, recogiendo las palabras del mismo Berkeley, se quiere establecer lo siguiente: “Todos admitirán que ni nuestros pensamientos ni nuestras pasiones ni las ideas formadas por nuestra imaginación existen sin la mente” y más adelante reafirma “ Todo el coro del cielo y los aditamentos de la tierra –todos los cuerpos que componen la enorme fábrica del universo- no existen fuera de una mente; no tienen otro ser que ser percibidos; no existen cuando no los pensamos, o sólo existen en la mente de un espíritu eterno”.

Basado en dicho modo de ver el mundo, Borges construye buena parte de su literatura. Ya en 1923, en su primer libro de poemas (Fervor de Buenos aires) escribía: “... si están tan ajenas de sustancia las cosas / y si esta numerosa Buenos aires / no es más que un sueño / que erigen en compartida magia las almas...” y casi cuarenta años después, en “El hacedor”, reafirma con la misma convicción: “El vago azar o las precisas leyes / que rigen este sueño, el universo...”

Estas premisas utilizadas por Borges lo llevan a un idealismo extremo: la realidad en sí misma no existe, en cambio, la poesía y la literatura en general, forman parte de la “genuina realidad”, la del espíritu. Dicha postura no es sólo materia de sus poemas, muchos de sus relatos son la constatación de aquellas premisas: mundos fríos, geométricos, en que los personajes son seres platónicos, moviéndose como piezas de ajedrez para cumplir los designios de alguna fórmula. Al construir de esa manera, escapa a la realidad de carne; aquel planeta imperfecto donde existen menesterosos, traiciones sangrientas, asesinatos, enfermedades, catástrofes cotidianas, orgasmos. El dios de Parménides no lo permita. Prefiere el mundo que se trama en los espejos, el laberinto de una biblioteca y el aleph: pequeña esfera que contiene el universo. No lee los diarios, prefiere hundirse en las profundidades arqueológicas de otras épocas. Allí se mueve a sus anchas, aquellos mundos ya no tienen la complicación de la sangre y, a medida que se retrocede en el tiempo, se parecen más y más a una idea pura, platónica.

Sin embargo, el Borges de carne, aquel que se levanta, pasea por Buenos aires, come y duerme; en ocasiones se opone al “Otro”, al constructor de sueños: “... yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.” (1)

Más desconsoladoras aún, son aquellas palabras en que tristemente reconoce que aquel mundo de laberintos, espadas, bibliotecas del tamaño del universo, y seres que se mueven fuera del tiempo y del espacio; no es más que un juego de evasión, porque “El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.” (2)

El tratamiento que hace Borges de las ideas de otros y especialmente de Berkeley, no tiene un afán plagiario ni de crear una filosofía alternativa, se trata más bien de una utilización netamente literaria, en función de su cuentística y de su poesía. Dejan de ser ideas puras emanadas de ensayos filosóficos, y pasan a formar parte del discurso de un personaje, de un narrador, de un hablante lírico. La misma Alicia Jurado lo señala “... estas ideas, presentadas por Borges adquieren un carácter mágico, un aire de verdad esotérica que seduce inmediatamente al desprevenido lector.”(3)

No está de más señalar la pericia con la que el artista bonaerense trabaja los materiales extraídos del idealismo. En ocasiones, dichas ideas aparecen en forma explícita y sugerente a la vez, en otras, permanecen ocultas, como una legalidad que, desde las bambalinas, rige el curso de la verdad o el destino de los personajes, no obstante, al elegir cualquiera de estas alternativas u otra si se quiere, siempre el trabajo de Borges es macizo, fluye con la eficacia y la naturalidad del verdadero arte.


(1).- Borges y yo, texto en prosa publicado en “El hacedor” en 1960.

(2).- Nueva refutación del tiempo, ensayo publicado por primera vez en un folleto, 1947.

(3).- Genio y figura de Jorge Luis Borges, texto biográfico y crítico publicado por Alicia Jurado en 1964

Rodrigo Jara Reyes nació en Talca, Chile, el 14 de febrero de 1966. Hizo estudios superiores en la Universidad de Talca, en donde obtuvo el título de Profesor de Estado. Publica su primer libro de poemas En los caudales de la memoria, en 1997; en el año 2000, el libro De la memoria al fénix; en el 2003, Dos sur y otros poemas; En el año 2006, auto-publica el libro de cuentos El extravío y otros relatos. Es recogido en las antologías Travesía por el río de las nieblas 2000, Faluchos, treinta poetas maulinos 2003; El lugar de la memoria 2007. Publica artículos, ensayos y cuentos en diarios y revistas nacionales e internacionales. Correo electrónico: thtjara@hotmail.com Sitio web: http://www.caudalesdelamemoria.com/
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El bosque



Por Delfina Acosta

Olvidé cómo se escribe un cuento.
Solía sentarme a las siete de la mañana frente a la máquina de escribir Remington, que ocupaba la mitad de mi escritorio, a un costado de la enorme ventana que daba a la calle. Durante los primeros momentos no ocurría nada, hasta que alguien, y otra persona parecida, y muchos individuos o sombras más que se dirigían a la fábrica textil del pueblo, pasaban con prisa por la vereda; entonces me entraba la angustia por escribir las primeras líneas, aquellas frases fijas que definen el inicio de una historia.
A las diez, Cándida, la vecina que me prestaba el auto para viajar los fines de semana a alguna villa veraniega, salía a hacer una revisión minuciosa de su jardín delantero; yo solía temer que me hablara sobre los cornezuelos que a menudo desfallecían a sus caléndulas y a sus helechos porque entonces una larga distancia me separaba de mi cuento hasta que terminaba por perderlo de vista.
Y ocurría que a veces me hablaba, y otras, no. El caso es que su presencia entre esas flores agitadas por los vientos de estío o de invierno me ponía ansioso y acababa levantándome, bruscamente, del asiento, con un cigarrillo en la boca, para observar la borrosa lejanía de la zona portuaria.
A las once, o a las once y media, entraba en el gabinete la empleada doméstica, y hacía tal silencio de mosca mientras pasaba una trapo humedecido con alcohol por el único mueble de estilo provenzal de la casa, y con el mismo silencio de mosca se retiraba, que me gustaba pensar, con un extraño sentimiento, que era un desperdicio tanta precaución de su parte; total, al meterse la mujer en la habitación, no me venía una sola línea a la cabeza.
Es difícil escribir sin interrupción.
Ocurre que alguien te llama por teléfono y te dice esas cosas que uno escucha como desde lejos: “Fue imposible hacer nada... Tendré que comprar otra camisa. La tinta no ha desaparecido ni siquiera con cloro...”.
A la hora del almuerzo, cerraba con la fuerza de un latigazo que hace brincar a la bestia, la puerta del gabinete. Debía asegurarme de que mis personajes se quedaran bien encerrados en esa habitación de luces apagadas, para que yo pudiera, sin apresurar el sabor, disfrutar de aquella tregua: un plato de milanesa de pollo y otro de escabeche de berenjenas, acompañados de una botella de buen vino rosado. Luego venía la modorra.
Como a las cuatro y media de la tarde, cuando el calor caía sobre el aljibe sin roldana del patio, yo me tendía sobre las baldosas de la sala, aguardando la visita de Adelfa. Mi amiga rubia, rubiácea, me solía hablar después de fumar un cigarrillo, sobre las virtudes y necedades de mis cuentos.
A mí me daba igual que objetara la presencia de una antigua vitrola en la habitación donde sucedía la parte más densa de las acciones; para eso tienes el piano, Miguel, el viejo piano alemán de la familia; que tanteara una crítica sobre determinada situación o trama por su estilo tan apasionado, que desaprobara un nombre común como José o Pedro, y que, a veces, me restregara la muerte del protagonista de turno, quien merecía vivir, después de todo; total, con un final abierto, la obra quedaría bien igual.
No es que fuera terco. Pero yo conocía a mi criatura. Ella era un bosque donde todos los animales (ciervos de ancas ligeras y vientres suaves, leopardos de ojos relampagueantes y aves de plumaje azul mezclado con el color de la sangre) convivían en cósmica armonía; su enorme cascarón resistía maldiciendo, pero resistía, los embates y las furias de las tormentas.
Mi criatura era una luz que se abría paso entre los gajos de los eucaliptos, los algarrobos y los abedules de su propio bos que para mostrar un camino, hecho con un polvillo como de oro y de azúcar, que tentaba a los hombres y a las mujeres que intentaban cruzar el río, para que desistieran de su propósito y se internaran en él.
Al llegar la noche se me presentaban en el gabinete. Una vez fue un hombre que deseaba viajar a un pueblo donde pensaba encontrar a la mujer que había amado, y llegó, y ella estaba vestida de triste desde los pies hasta los cabellos; sentada sobre un sillón de mimbre observaba las formas humanas que tomaba el ciprés según como el viento lo cabalgara.
Entonces escribí: Se vieron y se dieron un beso.
En mis horas nocturnas se me rebelaban las profecías.
Y entre humo y humo de cigarrillo cobraban sentimientos mis personajes, y yo debía decidir, desde luego, qué harían: la libertad o la prisión; la vagancia o el encierro; y aún esos detalles ínfimos: el viaje en barco o en tren. O la simple caminata por las calles.
Perdí la manera de escribir cuentos.
Este es el relatorio que - necesariamente - debo hacer sobre la maldición que ha caído sobre mí para que mi familia comprenda la decisión que he tomado.
No puedo más.

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Delfina Acosta: Nació en Asunción (1956). Su primer poemario Todas las voces, mujer... obtuvo el Primer Premio ‘Amigos del Arte‘. Publicó el poemario La cruz del colibrí, que lleva prólogo de la poetisa Gladys Carmagnola. Reunió sus cuentos que obtuvieron premios y menciones en concursos literarios en el libro El viaje.Su obra Romancero de mi pueblo ganó el segundo premio ‘Federico García Lorca‘. Dio a conocer un poemario llamado Versos esenciales, dedicado íntegramente a honrar la memoria del gran poeta chileno Pablo Neruda. El PEN Club del Paraguay otorgó al libro el Primer Premio destacando su elevado vuelo lírico y su lenguaje universal. Su último libro, que ahora edita Portal de poesía, lleva el nombre de Querido mío. Es columnista del diario ABC Color; hace comentarios literarios sobre los escritos de los poetas y narradores paraguayos en el Suplemento Cultural del mismo diario. Dirige el Taller de Poesía de la Manzana de la Rivera.

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jueves, 30 de julio de 2009

Comentarios de una nica en Santiago

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La generación de Los Ernestos en Nicaragua y la vuelta al mundo de la poesía nicaragüense, a propósito del Premio Neruda a Ernesto Cardenal.

Elisa Maturana Coronel



A propósito de la visita de Ernesto Cardenal a Santiago para recibir el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y la lectura que hizo de algunos de sus poemas –principalmente del Cántico Cósmico--, en el homenaje que le rindió la Sociedad de Escritores de Chile, discutíamos con algunos amigos poetas y escritores-as chilenos-as sobre Ernesto, su poesía, su posición política actual, su rol en la poesía nicaragüense, los gustos y des-gustos de cada uno por su poética y sus méritos para optar al Nobel.

Separándonos del plano nada discutible de los gustos ante la poesía de Ernesto (a quien siento cercano desde siempre por ser nicaragüense y por recuerdos de él que van hasta mi infancia), Cardenal tiene el mérito indiscutible de haber cumplido con su propósito de llevar la poética nicaragüense otra vez al mundo, silenciosa desde Darío, y me refiero al mundo en el sentido del público amplio, no al mundo de los escritores acuciosos ni de los expertos en literatura y poética latinoamericana, que sí la conocen.

Benedetti reproduce en su artículo “Poeta de dos Mundos”, en Letras del Continente Mestizo, de 1972, las palabras con que Cardenal ya en 1949 apelaba a una ruptura del silencio:

“(…) el huir de la publicidad literaria ya se ha hecho casi una tradición en Nicaragua (…) y casi todos los mejores poemas nicaragüenses, dichos al oído de la patria, no han salido de nuestra intimidad todavía. Es éste un silencio necesario a las obras verdaderas; pero creo que ya ha dado sus frutos ese silencio, que es ya mayor de edad en la poesía nicaragüense y ha llegado ya la hora de las publicaciones”.

Efectivamente, quedaron en la intimidad, después de Darío, tres grandes post-modernistas nicaragüenses, con voces poderosas como la de Alfonso Cortés (¿Tiempo, dónde estamos/ tu yo, yo que vivo en ti y/ tú que no existes?), Pallais y Salomón de la Selva; los rupturistas de la Vanguardia como Cabrales, Coronel, Pasos y los dos Cuadra. Y en esa misma intimidad los post vanguardistas, excepto Cardenal, de la epigramática Generación del 40 o de Los Tres, y las siguientes generaciones de la poesía de Nicaragua con la excepción quizá también de Gioconda Belli.

La Generación de Los Tres es la Generación de Los Ernestos: Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez y Carlos (Ernesto) Martínez Rivas. En ellos coinciden sólo el nombre, él haber compartido las aulas de clase en el colegio Centroamérica, de los jesuitas, y la rebeldía a las formas. Tres poemáticas diferentes, “cada uno distinto, pero todos inclinados hacia el abismo” dice Octavio Paz en Las Peras del Olmo (México. 1954). Por una parte, la “antipoética” --como la llama Erick Aguirre-- coloquial, simplista, cargada de jerga oral del padre Cardenal; por la otra, el tormento existencial de la soledumbre (Ezequiel D’Leon. 400 Elefantes. 2008) que inventa exorcismos (Paz. 1954) del profesor de la Universidad Autónoma de México, Mejía Sánchez; y finalmente el hermético y desbordado, intenso y profundo Martínez Rivas: “el más favorecido por la gracia poética: preparado como pocos en Nicaragua después de Darío para trasmitirla” (Jorge E. Arellano. Ocho Poetas Mayores de Nicaragua. 1984).

Sin embargo, no la transmite.

“No soy el mejor poeta. Ni el segundo. Ni el tercero. Ni siquiera el mejor de mi generación en la que sólo éramos tres. El mejor de los tres, a mi juicio, es Carlos Martínez Rivas. América lo conocerá algún día”, dijo Cardenal, en 1964.

Pero Carlos, con toda su armadura poética no trasciende los límites de la intimidad de los expertos y se queda escribiendo en las paredes de su casa -llenas hasta el más diminuto espacio con las citas de sus libros más apreciados-, mientras que Cardenal vuela al mundo con su palabra llana.

Varios factores conspiraron con el poeta trapense de Solentiname para que lograra su cometido de hablar en voz alta y sacar a esta poesía de su silencio necesario. Las investiduras temáticas: la revolucionaria, la religiosa, la social, jugaron en un contexto histórico político y de boom literario latinoamericano para catapultar la poética de Cardenal, quien supo a su vez exportar -como ninguno, desde Darío hasta él-- la poesía de ese potente pequeño pueblo y llevar a Nicaragua, talvez no en la voz de su mejor poeta -como él mismo dice- pero indiscutiblemente en la de su máximo expositor público, publicado, editado, traducido, reconocido y galardonado.

Cardenal tiene el mérito de haber reabierto la puerta, haber colocado un tapete de Bienvenida para invitar al mundo a ingresar en la intimidad de la alcoba de la poesía nicaragüense.
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* Elisa Maturana Coronel es periodista. Nació en Nicaragua, de padre chileno y madre nicaragüense. Por varios años reportera parlamentaria de los diarios Barricada y La Tribuna. Corresponsal en Nicaragua para las agencias de noticias Reuters y Notimex y articulista en varias publicaciones. Trabajó en radio, televisión y realizó dos programas propios de análisis político y social. En los últimos años ejerció en el campo de la Comunicación para el Desarrollo, a cargo de la oficina de Comunicaciones del PNUD en Nicaragua y de Oxfam América, en Perú. Nieta del poeta nicaragüense Jose Coronel Urtecho. Se vinculó a la intelectualidad nicaragüense desde temprana edad y encontramos huellas de su labor en "Ediciones en Nicaragua, Perú y Chile". Actualmente radica en Chile.
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Ernesto Cardenal abre el vacío y se interna con su Poesía en la SECh



“Actividad Cultural; Tertulias los Jueves, 19 horas. 2009”,

ERNESTO CARDENAL
Premio Iberoamericano
de PoesíaPablo Neruda 2009




...........................................................Fotografía: María Eugenia Lagunas


Palabras del Vicepresidente de nuestra SECh: Gregorio Angelcos

Hay premios literarios que prestigian a los escritores que los reciben, pero en el caso de Ernesto Cardenal el proceso es a la inversa, Ernesto Cardenal prestigia al Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda al ser galardonado con éste.
A partir de este hecho histórico literario, la naturaleza de este premio da un salto cualitativo hacia el futuro, pues dada la categoría universal de su poesía, la responsabilidad político cultural de los futuros jurados, les exigirá cada vez un mayor rigor y una mayor profundidad reflexiva en torno a los juicios estéticos, éticos y políticos, que se deriven de su reflexión en torno a la poesía iberoamericana.
Después de Ernesto Cardenal es legítimo preguntarse quién, tal vez Parra, tal vez Gonzalo Rojas, pero el continente literario se dividirá en un antes y un después de Cardenal.
Ernesto es la ruptura, la provocación inteligente y revolucionaria hacia la construcción de espacios literarios, menos minimalistas, y de mayor representatividad de los fenómenos que han provocado la globalización del planeta en torno a un eje neoliberal y capitalista a ultranza.Las industrias culturales, siguiendo a Pierre Bordieux, han instalado una cultura de la banalidad y el consumo, han desarraigado de la cotidianeidad del hombre del siglo 21, la poesía y el arte en su sentido más esencial, para instalarnos un modelo cultural homogéneo y enajenado.
Cardenal con su lenguaje viene confrontándose con esta turbadora realidad, porque en su dimensión más esencial, su férrea personalidad se articula sobre tres ejes principales: la literatura, la teología, y su máxima condición de revolucionario.
Cardenal nos inquieta y nos atrae por su rebeldía, por su estética provocadora, porque trasciende las convenciones y vulnera las formalidades del quehacer burocrático, es un poeta de comunicación franca y directa, exenta de subterfugios y retóricas sin contenido.
La sola imagen del poeta nos convoca a transgredir lo establecido, a romper con las limitaciones que restringen nuestra libertad. Así fue su postura frente al dictador Somoza, así fue frente a la curia de la Iglesia Católica y el Vaticano en un momento crítico de la historia de Nicaragua, y así fue y es, en el flujo vertiginoso de su poesía.
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Bienvenido Ernesto Cardenal a la Sociedad de Escritores de Chile, la casa que ha cobijado a través de su historia a los hombres y mujeres de mayor significación de la literatura Nacional. De Neruda a Zurita, de Ricardo Latcham a José Miguel Varas y a Poli Délano, De Parra a Teresa Calderón y José María Memet, entre muchos otros.
Los vivos y los muertos se levantan para decirle bienvenido a la tierra que vio nacer a Salvador Allende, el presidente chileno de mayor impacto universal del siglo veinte, ejemplo de las futuras generaciones que luchan por un país que exige una cultura más humana, y cada vez de mayor equidad y justicia social.
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El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, llegó a nuestro país para recibir el lunes 27, de manos de la Presidenta de la República Michelle Bachelet, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2009, la más alta distinción que concede el Estado de Chile a un poeta iberoamericano.
En esta sexta versión, el jurado estuvo integrado por los poetas Carmen Berenguer (Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2008) y Oscar Hahn, chilenos; Jorge Boccanera argentino, Juan Gustavo Cobo colombiano y Selena Millares académica de la Universidad Autónoma de Madrid.
El galardón instaurado en 2004 en el marco de las celebraciones oficiales del centenario del natalicio del Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, recayó en el escritor mexicano, José Emilio Pacheco; luego, en 2005, lo ganó el argentino Juan Gelman; en 2006, el peruano Carlos Germán Belli; en 2007 la cubana Fina García Marruz; y en 2008 la chilena Carmen Berenguer.
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martes, 28 de julio de 2009

Poetas chilenos en el mundo



Patricio Armando Sánchez
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Su poesía dice bien su proximidad con nuestras venerables tradiciones
y no desmiente su valíaduradera dentro y fuera de la “larga y angosta”.
Waldo Rojas París, 19 de marzo 2001


EL CALENDARIO DE LA ETERNIDAD

Chile :
amo tu jerga de codorniz locuaz, tu diminuta pasión de colmena que canta.
El sol zapatea en tus entrañas de guitarra despierta, mas tu risa
es la risa de una hoja de boldo.

Tierra: pequeña, verde, blanca.

¿Es tu soledad un racimo de uva?

Los sauces y los bueyes te despiertan con la cuchilla al cinto.

Todas tus muchachas son hermosas como los calendarios
que nos regala la eternidad.

Todas tus muchachas son hermosas como las vocales de los ciruelos
que despiertan bajo los sauces meditativos del tiempo.

Todas tus muchachas son hermosas como las pestañas del cilantro.
Todas tus muchachas tienen las pestañas impregnadas de polen, y sus pies
tienen la forma que Dios le dio a las primeras estrellas que germinaron
debajo de un almendro.

(Roma, 1999)

NUBE DE TABACO

Nada sabes del sol cuando los amigos
te abrazan con la sonrisa en los labios.

En todas las ciudades habrá un mesón
donde tú apoyarás tus codos en invierno.

Las calles son como gacelas
de circo a la hora del crepúsculo.

Por esto tú debes perdurar
en una nube de tabaco.

Serás feliz en la quietud de un instante,
aunque en realidad sólo halles sombras
en un espejo deformado.

No mereces desvivirte si la alegría
que te ofrecen tus amigos es sincera.

Tienes un camino frente a ti: convencerte
de que la risa es el preámbulo en la fábula,

después podrás hallar en otro espacio
otra ciudad en la que el sol busque tu rostro primigenio,

pero aún no es el momento, ten paciencia.

(Lisboa, 1999)


Patricio Armando Sánchez: (Talca, Chile, 1959), es poeta y profesor de Español. En 1977 se traslada con su familia a París, donde reside siete años. Realiza estudios universitarios de Español en las universidades Paul Valéry de Montpellier, Francia, y Complutense de Madrid, España, especializándose en Literatura Hispanoamericana. En 1994-1996 reside en Portland, Estados Unidos. Es uno los organizadores del “Año De Allende a Neruda 2004” en Montpellier y responsable del Taller de Poesía Pablo Neruda de la Diputación Provincial de dicha ciudad. Miembro del Centro Cultural Los Andes (organización de ayuda y solidaridad con Chile y los Mapuches), L’Ours Blanc (Asociación de Escritores Franceses) y de la Sociedad de Escritores de Chile.
Publicaciones: poemarios* 11 sonetos y 3 poemas libres para ser leídos -con mucha seriedad- al bajar de un autobús, en las postrimerías del siglo XX, Montpellier, Francia, 1990. * Sea la Luz, Marana-tha, Talca, Chile, 1990. * Poèmes écrits dans un Café, Imprenta Universidad Paul Valéry, Montpellier, Francia, 1991 (en francés). * Poemas, Imprenta Universidad Paul Valéry, Montpellier, Francia, 1992. * Montpellier, Trois Minutes d’Arrêt, Los Andes, Montpellier, 1996 (en francés). * El sabor de las ciruelas y otros poemas, Montpellier, Francia, 1997. * Escribidor Anónimo, Montpellier, Francia, 2000,. * Breve Antología Personal y otros poemas. Centro Cultural Los Andes de Montpellier, Francia, 2000.
Premios: Premio Nacional de Prosa y Poesía Juvencio Valle 1995, Santiago, Chile. Premio Nacional de Poesía Ciudad Villa Alemana, 1996, Chile. Finalista Premio Internacional Centro de Estudios Poéticos, 2000, Madrid, España.
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sábado, 18 de julio de 2009

En torno a periodismo y literatura

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por Alfredo Lavergne


La actividad literaria y la periodística, acostumbran compartir espacios, incluso a veces en la misma persona. Sin embargo, todas las prácticas humanas están insertas en una Historia, que a través de múltiples medios las determina, les da el rol social que cumplen y nos exige tomar decisiones.
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Escribí hace algunos años que el periodismo era mucho más moderno como actividad específica que la literatura y hoy diría que nacen juntos en la literatura de romances, cantares de gesta, etc., en la que a veces cumplían función ‘informativa’. O sea, que no habría en esas letras separación.

El periodismo asume como misión expresa la de informar, tarea precisa y delimitada que lo diferencia del mundo de concepciones y sobreentendidos que se anotan a la misión de la literatura. La vocación de eco de lo que acontece a nivel particular hacia el mayor ámbito que los medios de comunicación logran abarcar –pieza clave para la integración de la sociedad-, es una herramienta fundamental en la necesidad permanente del hombre de situarse, saberse y reconocerse como parte de un tiempo determinado y un entorno histórico, social y político en permanente cambio.

Es en este sentido que antes de buscar la raíz de la separación contemporánea entre periodismo y literatura, debemos señalar el profundo espíritu humanista que subyace en ambas actividades: esa herramienta para situarse, desde otra perspectiva, es una de las más conscientes determinantes de la actividad literaria. Los ejemplos están a la mano si debiésemos señalar cómo todos los días vemos periodismo de estilo literario y literatura de vocación periodística.

El primero es prácticamente un cliché: Ernest Hemingway. Su vocación literaria corre a la par de su profunda vocación periodística, al nivel que su misma obra es un constante maridaje entre ambas actividades.

Mucho más allá de la literatura de escritorio, Hemingway se planteaba como una de las misiones fundamentales de la literatura desarrollar un profundo sentido de identificación con la vida en su manifestación más plena e intensa, asumiendo inclusive realidades sombrías como la guerra para retratar a la humanidad en su despliegue más pleno. En este sentido, el periodismo, practicado por él con una maestría y precisión impecables, acompañó a la literatura a través del ardiente derrotero de su vida: la guerra, la caza y pesca deportivas, la tauromaquia; Madrid, el Kilimanjaro, Habana; aparecen en su obra literaria al mismo tiempo que en su permanente trabajo periodístico. Su trabajo en este campo influye en el estilo preciso y conciso de su prosa literaria que, al no completar la narrativa completa y omnisciente de la literatura clásica, es capaz de crear atmósferas perturbadoras, precisamente por el afán expreso de retratar la realidad tal como aparece. En él, los límites entre periodismo y literatura prácticamente no se pueden fijar.

Otro ejemplo, mucho más cercano (aunque tan lejos de los actuales hábitos de lectura), constituyen los dos máximos referentes de lo que el modernismo dio en llamar costumbrismo: Joaquín Díaz Garcés y José Joaquín Vallejo. Ambos, reconocidos trabajadores y empresarios de una prensa que en Chile vivía un momento bullente absolutamente sin parangón en el resto de su historia, siguieron la línea trazada por otro de los grandes escritores-periodistas, Mariano José de Larra, en el sentido que la literatura debía asumir un sentido netamente nacional, que lograra retratar, ya no los sueños o los ideales de la sociedad (como querría el romanticismo), sino que la real manifestación del carácter del país, no importando que este carácter sea decepcionante o grosero, o que el resultado sea ligero y sin mayores consecuencias. Díaz Garcés y Vallejo (o Ángel Pino y Jotabeche, como firmaban sus artículos de más refinada elaboración) son verdaderos maestros de la prosa, asumiendo un estilo ágil y pleno de segundas intenciones en sus obras principales: el artículo o la “página” de costumbres, destinada a aparecer en la prensa diaria.
La escasa nueva lectura de estos escritores-periodistas por parte del siglo XX va en directa proporción a la pobreza de lenguaje del periodismo contemporáneo que, a su vez, se corresponde con la pobreza de lenguaje de nuestra población.

¿Cuál puede ser la causa para la notoria separación entre periodismo y literatura en el mundo moderno? Creemos que hay que buscarla en el extremo modelo economicista actual, que más allá de asignar un rol y misión particular a las actividades humanas desde criterios de verdad, decoro o utilidad social –como absolutamente todos los sistemas sociales han propugnado-, determina a los oficios según su capacidad de reproducción de la riqueza económica. Así, la literatura cae en la red a través de las grandes empresas editoriales, que con criterios de mercado dictan líneas de publicación y marcan la ruta por las cuales definir el gusto y controlar el mercado literario, generando una especialización manifestada en zonas geográficas, grupos sociales y nivel académico –tarea en la cual el actual periodismo literario, también radicalmente especializado, cumple un rol primordial. El periodismo, asimismo, está cada vez más lejos de restituir en su práctica al hombre en su totalidad, enmarcándose de acuerdo a directrices globales manejadas desde las grandes agencias de prensa, que en pos de una mal entendida “objetividad periodística” limita permanentemente la posibilidad de un nuevo periodismo, al menos desde los grandes medios de comunicación tradicionales –se genera así una extrema funcionalidad en la actividad de la comunicación social, que lo hace permeable de “venderse” y de responder a las exigencias del sistema con las precisas imágenes que éste le pide.

Creemos que existe la posibilidad de revitalizar la relación entre periodismo y literatura. Aquí me permito el referente a Ryszard Kapuscinski. En primer lugar, el periodismo debe tomar consciencia de su rol permanente y fundamental de aportar a la memoria de la vida social, y en esto no nos referimos tan sólo a la memoria histórica, sino al real y constante llamado al hombre a re-visar el entorno social y vital de su vida: la sociedad humana es la misma hoy que ayer y antes de ayer, gracias a esta constante y actuante memoria. Hay que ver en el periodismo la posibilidad de una promoción del ser humano en sus valores más plenos y fundamentales.
En segundo lugar, la literatura debe hacerse consciente de su misión de eco y expresión del entorno vital y social del hombre, no ya de la manera esquemática y unilateral de los autoritarismos de izquierda o derecha, que dictaron lo que se debía escribir, sino de un nuevo modo: implica saber reconocer que la más vanguardista de las literaturas no puede dejar de responder a la situación de enajenación del hombre ante un mundo que se totaliza frente a él, dejándolo aislado y enfrentado al hecho de que él mismo está escindido. Hay que ver de nuevo en el acto de la literatura una expresión de esencialidad humana y libertad que no se puede comprar o vender.

En tercer lugar, hay que reconocer la viabilidad de prácticas comunitarias en el ejercicio del periodismo y la difusión de la literatura a través de las tecnologías de Internet. Nuevos medios de prensa, de generación y alcance internacional, están haciendo real un viejo sueño de las vanguardias políticas: el establecimiento de una red de comunicación social alternativa, que no sólo responda a la visión individual, sectorizada; sino que se hace capaz de autogenerar y autodeterminar su expresión a través del feedback permanente de los receptores. Esto debilita necesariamente los intentos de hacer caer la comunicación social global en la red de un economicismo totalizante.

Un periodismo que se plantee desde estas perspectivas es condición fundamental para una nueva puesta al día en la situación de la literatura en el entorno social, para la postulación posible de canales de circulación literaria no aherrojados por el criterio de mercado; será, asimismo, la única posibilidad de una nueva cercanía y mutua alimentación entre la literatura y el periodismo. Y, ante las urgencias del día –la posibilidad de una hegemonía política mundial única, la absoluta crisis ambiental, la búsqueda necesaria de nuevas soluciones a los viejos problemas-, tales actividades sabrán responder como lo han hecho en los momentos más extremos de nuestra historia moderna: hablando hacia el hombre, desde el hombre.


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Alfredo Lavergne. Poeta, nació en Valparaíso. Emigró a Canadá en 1975, país donde publicó en diferentes medios literarios y logró dar a conocer su obra en extenso. Se radicó en Québec, Montreal. Se sumó al estudio de la obra huidobriana (creacionismo), al haiku (poesía japonesa) y a la creación literaria. Colabora en revistas especializadas, festivales y periódicos. Retornó a Santiago de Chile en 2005. Su obra ha sido incluida en diversas antologías y revistas. Ha publicado siete libros de poesía en castellano y tres bilingües en idiomas castellano-francés.

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jueves, 16 de julio de 2009

Jorge Etcheverry: Un vistazo crítico desde Canadá.



por Omar Cid

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¿Cuál es la evaluación histórica que usted hace de la crítica literaria chilena?
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Dudo que la crítica se pueda ver aislada del contexto—histórico, social, cultural, institucional—, la crítica es una especie de registro de tendencias y preferencias culturales de periodos sucesivos, de las ideas vigentes, de las tendencias en la misma crítica, de los valores y gustos vigentes, de las condiciones políticas, de las vicisitudes del mercado del libro, etc., de ahí que creo que más bien se tendría que hacer un estimado en su correlación con otras instancias de la vida social, cultural e institucional. Así, no podría evaluar a ‘la crítica’ separada y personalizada, que de por sí no tiene mucho campo de maniobra y que en general tiene el papel de refrendar o reafirmar la institución literaria vigente, en definitiva ligada a la institucionalidad nacional, que manifiesta y configura un estado de cosas dado. No es algo que dependa de esta persona o la otra—aunque así les parezca incluso a ellas—y que pudieran por así decirlo condenarse o absolverse.
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Ante la crisis de discurso y de referentes, donde pareciera que todo lo media el mercado. ¿Qué función cumple el crítico literario en la sociedad pos-moderna?
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Tengo la impresión que, excepción hecha de sus instancias más marginales, el crítico publicita desde un medio un bien de consumo, una mercancía que es el libro, no creo que la postmodernidad haya cambiado eso para nada, pero de alguna manera—por ejemplo en el caso de la expresión virtual, que es también un fenómeno cronológicamente postmoderno—ya existe por lo menos la probabilidad de llegar con textos literarios a vastos públicos desde fuera del mercado, si no es por el gasto en servidores, confecciones de páginas y libros electrónicos, a veces el puro esfuerzo de conseguir listas de direcciones. Ahora, por otro lado la mercancía libro existe como tal sólo porque conlleva un sentido reflejo, un significado, un valor agregado significativo, y así se inscribe en el gran friso de la serie de objetos significativos mediados que en definitiva posibilitan el conocimiento. En la postmodernidad el crítico sigue conectando esa mercadería sui géneris con la historia de la literatura, lo estético, lo valórico, para así otorgarle su valor como mercancía. Yo diría que en el post modernismo ese mecanismo se hace más patente: el espectro de la difusión masiva gratuita de sentido/significado alerta por igual a los gobiernos y a los empresarios del conocimiento, ya que la circulación comercial del objeto libro pasa a convertirse potencial aunque remotamente en una posibilidad de distribución/circulación entre otras. Hasta ahora, el modo preponderante de circulación de la literatura había sido, se quiera o no, a través del mercado, y eso no es culpa de nadie.
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¿Cree usted que existe una deuda de la crítica chilena, con los escritores de la diáspora?
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Eso es bastante complejo y yo diría básicamente que no. En la medida en que hay una mirada de escritores chilenos, ya no tan sólo exilados, en el exterior, y que la crítica no da abasto ni siquiera para los autores nacionales—yo mismo desde ‘afuera’ he comentado libros de gente ‘de adentro’ que carecía o casi de ‘crítica’ en el país—, no sé hasta qué punto se le puede pedir cuentas a ‘la crítica chilena’, parte de la cual por otro lado se hace ‘afuera’. Gran parte de la ansiedad que muchos escritores chilenos de afuera tienen respecto a esto tiene que ver con la identidad aleatoria y problemática de la vida del transplantado en general, de la necesidad de reconocimiento y validación de una literatura que ya en muchos casos ha dejado de ser completamente ‘chilena’ en todo menos en su intención o denominación, que se abre a posibilidades de escritura o contenido ya no totalmente traducibles hacia ‘el interior’. El establecimiento de instituciones literarias al exterior, o el acceso de los escritores ‘chilenos’ a las locales o a otras aleatorias, puede focalizarlos en esa dirección, distrayéndolos de la orientación hacia Chile. Pienso en el caso de Canadá, principalmente y al fenómeno de la desigual, pluridimensional y pluricanónica “literatura hispanocanadiense” en gestación. Por otro lado, el éxito y reconocimiento a todo trapo de escritores chilenos afuera tiende a cambiar un poco el norte de la brújula, y en algunos círculos se empiezan a murmurar mitos nacientes de que la posibilidad de triunfar o ser reconocidos afuera es mayor que serlo en Chile, cuyo famoso pago ya es un lugar común. Por otro lado, aparte de los clásicos y una que otra figura, mucha literatura chilena no es muy traducible al exterior y más bien se la enfoca como conjunto de muestras de sectores y circunstancias generacionales, genéricas, étnicas, políticas, regionales, etc., criterio cada vez más prevaleciente en todos lados, que por otra parte tiende a verse reflejado en algunas muestras antológicas producidas afuera. En fin, es un temazo...
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En la búsqueda de referencias, ¿Qué función cumple la crítica a libros y ediciones extranjeras?
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Creo que si se quiere hacer cualquier trabajo serio en crítica, desde la nota periodística hasta la investigación bajo el alero universitario, y no sólo en lo de referencias, hay que ver todo lo que se pueda, en papel y electrónico a veces las ediciones en idioma original son mejor fuente, si se entiende ese lenguaje. Claro que desde el punto de vista de la crítica destinada al lector potencial de un mercado determinado, en este caso el chileno, la crítica del libro producido afuera no se justificaría porque no circula, no se puede comprar o pedir en la biblioteca y es atendible que a veces los medios ignoren estos libros cuando no son de autores ya con renombre. En caso de autores individuales y de grupos, tendencias, etc. no creo que las fronteras puedan determinar un criterio para la referencia o el estudio.
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A su juicio, más allá de los escritores favorecidos por el mercado y en su labor de diagnóstico literario, ¿Qué voces o discursos nuevos, atrevidos o simplemente rescatables ha podido encontrar en la literatura chilena contemporánea ?
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Mi conocimiento de lo que se produce actualmente en Chile es limitado, no estoy en el país y no recibo toda la información, pero tengo la impresión muy personal de que es entre los escritores existentes y que escriben hace décadas donde está todavía lo más interesante. Creo que la dictadura sin destape posterior y la rápida entrada de Chile a la globalización, significó una especie de marasmo de décadas que hace que haya menos sofisticación o experimentalismo o renovación. Además se hace sentir cierta demanda de material que sea representativo de grupos, tendencias, etc., en vez de literaturas con una estimativa centrada en la obra individual, cosa que pasa en todas partes, y se ha producido también la simplificación y facilitación de la lectura, con un papel cada vez mayor de la entretención—que se reflejan en los productos literarios que responden a esa demanda—acceso que conlleva la globalización, o el capitalismo desarrollado, el imperio de los medios masivos y la simultaneidad y rapidez de la comunicación electrónica. Pero en cambio hay mucha más accesibilidad por ese mismo proceso de globalización y por la Internet. Creo advertir sin embargo, a la distancia y a ojo de buen cubero que la proliferación de auto-publicaciones y editoriales pequeñas es siempre indicativo de fermento y renovación, habría resultado en obras bastante interesantes de autores jóvenes, o relativamente, sobre a todo a nivel de la poesía.
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Desde la aparición de Internet, ¿Es posible elaborar una antología en el ámbito literario, sin considerar el texto virtual?
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No es posible, además de que las antologías no se basan en las fuentes, en papel o electrónicas, sino en autores individuales, o tratan de representar muestras de corrientes, tendencias, generaciones, regiones, etc., si son más serías, entonces es irrelevante si van a encontrar y usar el material en papel o en fuentes electrónicas. Muchas veces uno encuentra material en línea y no en papel, y de hecho hay antologadores que recurren al Internet para material, crítica, etc., y en varios casos ponen esos textos luego en antologías impresas.
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Dónde radica el peso de la literatura chilena: en la poesía o en la narrativa en cualquiera de sus variantes. ¿Cuál es su posición?
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Tengo la convicción que la poesía chilena tomada en su conjunto se cuenta todavía entre las mejores. Porque creo que el español es un idioma privilegiado para la literatura y sobre todo para la poesía, entre otras cosas por su flexibilidad y sus discursos múltiples, la posibilidad de acogerlo todo y su abanico de versiones etnoculturales y tradiciones, y que la chilena es la poesía más rica y variada en castellano, sea o no esta riqueza y variedad reconocida en toda su gama por la crítica o las ediciones más institucionales. Casos teratógicos como el uniquísimo e intraducible Obsceno pájaro de la noche, obra sin igual en la literatura, o el tremendo éxito de Bolaño, no sacan a la prosa chilena de su carácter secundario respecto a su poesía.
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¿Cuáles son los silencios y las culpas de la crítica literaria chilena en los últimos cincuenta años?
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Como decía en la pregunta inicial sobre la valoración de la crítica, ni un crítico ni un grupo van a tomar decisiones, y si lo hacen y son públicas o publicitadas será porque de alguna manera concitan o representan contextos, estimaciones, ideologías, influencias, ‘estados de cosas’ socio culturales vigentes, sea eso de manera conciente o no.
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El crítico es un personaje por así decir social. Aunque Chile por tradición tiene un sólo periódico y en él un crítico, que concita la aquiescencia de la izquierda y la derecha—que como dijo Parra, unidas jamás serán vencidas—, no significa que Díaz o Ibáñez fueran ‘individuales’ en sus estimativas y orientaciones críticas.
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A la hora del juicio literario qué referencias estéticas propondría o es la pura intuición y talento.
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Diría que es necesario tomar factores objetivos y subjetivos, el origen del texto, su representatividad, su contexto, pero además el cómo el yo lector—situado a lo Ortega, en sus circunstancias, siempre más particulares que generales—recibe y se deja ir por el texto, los arranques de ira, emoción, placer, exaltación o risa que le provoquen. Ambos factores debieran idealmente ir de la mano, en este tiempo en que ya no hay un solo canon, sino múltiples estimativas, algunas nacientes y en busca de validación.
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¿Juega algún papel el contexto histórico en la elaboración de la crítica literaria o se trata del juicio del texto en sí mismo?
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Creo que la referencia a Ortega, en la respuesta anterior es suficiente.
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.* Jorge Etcheverry, Chile 1945. Reside en Canadá. Doctor en Literatura, escritor, poeta, traductor, crítico literario, co-editor de Split Quotation y creador de la virtual La Cita Trunca. Fue miembro del Grupo América y la Escuela de Santiago. Poemarios publicados: "The Escape Artist/El evacionista" (bilin. 1981), The Witch. Split Quotation. Ottawa, Canadá, 1984/85. "La calle" (1986; en inglés, 1997), "A vuelo de pájaro" (1998), "Vitral con pájaros" (2002), Reflexión hacia el sur (2004).
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