Un día no muy lejano mi estimado amigo Leo Lobos me envió por Internet un enlace de las muchas revistas digitales que coordina y en las que colabora activamente. Era la traducción de algunos poemas de un autor para mí desconocido: Tanussi Cardoso. El primer poema leído, Fiat Lux, ya me dijo todo. La traducción me pareció tan lograda que, tolendo tolens, acudí a la web del mencionado poeta. Allí estaba el mismo poema en ese portugués tan especial. Con mis pocos conocimientos de dicha lengua, y apelando a mi sensibilidad, hice un pequeño esfuerzo: no me fue difícil su lectura y comprensión. No necesitaba trasladar mentalmente, el aura de esa lux de la que debía fiarme transcendía las trabas idiomáticas y penetraba directamente por mis poros asentándose en mi respiración con total naturalidad. Era como rezar, pero con una letanía tan dulce y tan parecida a los lugares comunes de mi vida…
Inmediatamente expresé a Leo Lobos mi deseo de conocer a ese gurú de la palabra poética, a ese mago de la sencillez vital y al mismo tiempo tan trascendental.
Por otra parte, a raíz de un comentario hecho por mí en un blog de Leo, Tanussi le pidió a éste mis señas. Todas las estrellas estaban alineadas para el encuentro. Mi contacto a través de email y correo postal ha sido continuo desde entonces. Tanto que nuestro poeta hizo que llegaran a mis manos no sólo gran parte de sus libros sino también esta joya literaria que me ocupa en estos instantes (yo diría, y no me equivoco, un hito), una antología bilingüe con los poemas más representativos de mi ahora gran amigo y maestro brasileño Tanussi Cardoso: Del aprendizaje del aire - Do aprendizado do ar. Sus autores y factores, Leo Lobos, gran poeta chileno, y Angélica Santa Olaya, también grande mexicana.
Entre las lenguas, realmente no existen fronteras de entendimiento, al menos no deberían existir entre el portugués y el castellano. Las fronteras son artificios que los hombres trazan para separar lo que ya está unido a priori por la sensibilidad humana.
Un erudito, por mucho que conozca la otra lengua, no puede ser un gran traductor por la simple razón que su profundo conocimiento chocaría con la naturalidad y vitalidad que posee la lengua que pretende diseccionar como un gran cirujano. El motivo de ello es que el erudito ve una selva inextricable y va soltando, digamos, miguitas de pan por el sendero para no perderse como hacía Hansel y Gretel en el célebre cuento. Pero, al final, siempre llegan los pájaros de la sensibilidad poética a comerse las migas. Y nuestro erudito se queda asfixiado lo mismo que sus palabras muertas e incipientes.
En lo que se refiere a la traducción, las lenguas no pueden ser abordadas como entes abstractos, y menos cuando hablamos de manifestaciones poéticas tan vivas como las personas que las crean. No se trata –como muy bien dice Leo Lobos—de traducir palabra por palabra (“ir de migaja en migaja”), se trata de capturar el sentido del poema, la respiración del poeta en el poema; incluso el roce de la lengua por los labios cuando el poeta estaba concibiendo su criatura.
Esas cosas sólo pueden hacerlas los poetas, los verdaderos poetas como Leo Lobos y Angélica Santa Olaya. Ellos que no lloraron por la luz del sol y vieron las estrellas de Tanussi rielando tan cerca. Vivieron, gozaron y participaron de las revelaciones de nuestro gran maestro carioca, como ahora yo. Esas cosas no caben en las enciclopedias de uso común. Es cierto, Tanussi, somos unos bichos más raros.
Leonardo Lobos y Angélica Santa Olaya también conocen esta historia elíptica y envolvente. Ellos también estuvieron en esa habitación de Tanussi, no la de Rua Freitas, sino en la de su poesía.
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