lunes, 5 de julio de 2010

Los “Cuentos de autoamor y autopistas” de Camila Reimers: Una aproximación inicial

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por Julio Torres-Recinos
University of Saskatchewan


La escritora chileno-canadiense Camila Reimers, en Cuentos de autoamor y autopistas (Barcelona: La Estrella de San Pedro, 2009), se nos presenta como una narradora en pleno control de sus instrumentos literarios.
Camila Reimers ha logrado darnos una colección sólida de trece cuentos de variada extensión, en la que se le ve con soltura pero al mismo tiempo con pulso firme. Su temática es variada, así como los escenarios, las temáticas, los personajes y las técnicas que utiliza. A todo esto hay que agregar que Camila Reimers ha logrado madurar no sólo la manera de contar sino lo que tiene que decir. Se ve en sus cuentos una madurez que sólo la dan las vivencias, las experiencias y la reflexión sobre la vida. Si se tuviera que caracterizar esta colección de cuentos, podría decirse que hay un eje que atraviesa la mayoría de los cuentos: la necesidad de los personajes de embarcarse en una búsqueda interior, que viene generalmente de hacer un alto en la vida, reflexionar sobre un evento crucial en la vida del protagonista y sacar de esa experiencia una lección que le ayudará a vivir una vida emocionalmente más segura. Los personajes crecen a partir de una experiencia, lo cual muchas veces conlleva a una evolución cualitativa.

Los cuentos mejor logrados de Reimers son los más largos, que son los que aparecen al principio del libro, aunque la mayoría de los cuentos de menor extensión también demuestran un esmero en su elaboración. Los mejores cuentos, como se dijo arriba, son los más largos, tanto por la complejidad como por la facilidad con que se narra, así como por la profundidad del tema, y la seriedad con que se trata. Entre estos cuentos hay algunos que son verdaderas joyas, como por ejemplo “Ana,” “El chakra número ocho” y “El cuervo y los primeros hombres”.
“Ana”, el cuento que abre la colección, narrado desde el presente de la niña y desde la perspectiva limitada infantil, nos narra la historia de una niña quien nos cuenta en primera persona su vida idílica en Chile antes de que su vida cambiara con la irrupción de la política en la vida de su familia, la cual hace que ésta se desintegre, dejando a su padre en la cárcel, y a ella y a su madre en Canadá, su nuevo país. En el cuento se presentan los dos mundos, Chile, visto a través de la nostalgia; Canadá, visto a través de los estereotipos que otros pueblos tienen de él, así como del poco conocimiento general de la niña. El resto del relato tiene lugar en Canadá, donde la niña y la madre tratan de adaptarse a una nueva realidad. Su visión del nuevo país, una visión estereotipada, contrasta con la realidad. El clímax del cuento se alcanza cuando apresan a la madre y a la niña por robar unas prendas en una tienda. La niña cree que le va a pasar lo mismo que le pasó a su padre con las autoridades en Chile (se deduce que su padre “desapareció”). La niña debe ir modificando su idea de cómo funciona la justicia canadiense, ya que aunque la castigan, el castigo no es no tan severo como ella se lo había imaginado. Al final, el cuento termina con una autoafirmación personal de la niña, y una aceptación de Canadá como su nuevo país. “Ana” es un buen ejemplo de cómo se sobrepone a la adversidad y logra darle un nuevo rumbo a la vida. El tratamiento de esta historia es bastante similar a lo que Camila Reimers había hecho en su novela Tres lotos en un mar de fuego (2006), donde tres mujeres, una de Argelia, una de Camboya y una de Chile deben sobreponerse a las experiencias traumatizantes que les tocó vivir en sus países de origen y encontrarle sentido a la vida que les queda por vivir.
“El chakra número ocho,” el segundo cuento de la colección, nos narra la relación entre Andrea y Paul, quienes deciden hacer un viaje en coche desde Toronto a Miami. El pasar tiempo juntos le va ayudar a Andrea a evaluar su relación con Paul, y en definitiva, a evaluar su propia vida, a conocerse mejor. Dice Andrea:
Así me encontré cara a cara con los fantasmas propios, escondidos en la sombra de mi alma. . . Al cerrar esta etapa de mi vida, prometiendo no encarcelarme nunca más en otra relación enajenante. . . comprendí que recién ahora empezaba el viaje verdadero, un peregrinaje por la autopista de mi propio ser, y era yo la única conductora. Tenía que entrar en el vasto dominio de mi alma y recorrer la ardua ruta del autoamor. (33)

“El chakra número ocho” trata de la búsqueda de uno mismo, sobre el autoconocimiento, el respetarse a uno mismo y la aceptación de la vida de uno, sobre la búsqueda de relaciones saludables, sobre la autoestima y la independencia y madurez emocionales. Es un cuento de alguien que ha vivido y que ha aprendido las lecciones de la vida, entre ellas, la necesidad de ser honesto con uno mismo. Dice Andrea, la protagonista: “. . . Tras casi medio siglo de evadir mis sentimientos, llegué a enfrentarlos a plena luz, y a comprobar cómo emergía ante mi vida una necesidad visceral: tenía que vivir cada minuto de mis días con entera lucidez, y sólo lo lograría librándome de las vendas de una larga rutina de autoengaño” (34). “El chakra número ocho” es uno de los mejores cuentos del libro, con una buena historia de un viaje por geografías exteriores, así como por interiores. Además de tener una historia buena que contar, Reimers tiene algo que decir: sus observaciones sobre la vida, las relaciones y el valor de la persona. Reimers nos narra con maestría el drama de estos seres humanos comunes y corrientes que juegan un juego irresponsable de cazador y presa, en el que uno de los personajes, Paul, no sabe lo que quiere. La conducta irresponsable de él hace que Andrea despierte del letargo que ha sido su vida, no sólo la amorosa, sino toda su vida.
El tercer cuento, “El cuervo y los primeros hombres,” es otro cuento largo, también de búsquedas trascendentales. Es un relato no sólo de escenario canadiense, ya que el personaje recorre por segunda vez la geografía desde Toronto hasta Vancouver (la primera vez lo había hecho cuando era joven, la segunda, ahora que ya está viejo y con problemas de salud), sino que les rinde homenaje a los primeros habitantes de Canadá, en este caso los aborígenes de la Colombia Británica. El título, como se sabe, hace referencia a la famosa escultura del mismo nombre del artista canadiense Bill Reid, la cual describe el mito de la creación según la leyenda Haida, y que se encuentra en el Museo de Antropología de Vancouver. En cuento se ancla muy firmemente en la canadienidad: por la aparición de la geografía de Ontario hasta la de la Colombia Británica, pasando por las Montañas Rocallosas, el Parque Banff y las Praderas. También aparecen símbolos importantes de la canadienidad, como el kayak (que aquí invita a la soledad –y a conocer el país—tan necesaria para que el personaje se encuentre a sí mismo) y las esculturas totémicas Haidas de la Colombia Británica. Como el cuento anterior, el personaje se embarca en un conocimiento interior para “encontrarse a sí mismo”. La historia la resume en pocas palabras el personaje:
. . . La historia era algo así: un estúpido que pasado los cincuenta años aún seguía siendo niño, decidió encontrase a sí mismo arrancando de sus amantes. Atravesó la mitad de Canadá con su Kayak a cuestas y cuando decidió acampar, un indio lo encerró en un círculo que no tenía ninguna gracia excepto que el hombre no se atrevía a salir de él. (40-1)

El tono ligero y despreocupado con el que el personaje se refiere a su periplo no hace justicia a la encrucijada existencial por la que atraviesa. El personaje se hace dos preguntas capitales para el ser humano, importantes especialmente cuando se llega a cierta edad donde hay que replantearse la existencia misma: ¿quiénes somos? ¿por qué estamos aquí?, preguntas que este personaje se hace cuando está enfrentado con su soledad en la naturaleza canadiense (42). Este cuento de Camila Reimers combina los dos mundos, el mundo de lo intemporal, de lo sagrado, de lo primigenio y de los mitos, y el mundo de la existencia humana de los hombres y mujeres enfrentados a vivir su propio drama existencial. “El cuervo y los primeros hombres” nos muestra, siempre con una maestría de narradora segura de su arte, otra dimensión de la narrativa de Reimers, donde se le ve con otros intereses, más profunda, alejada de lo político, pero no por eso menos intensa y relevante.
“Azul”, el sexto cuento, es de mediana extensión, y tiene también el tema del viaje. Dos amigas se extravían en una montaña en medio de una ventisca y allí las rescata un joven, Miguel Ángel, quien las protege por unos días. Aquí se da un aprendizaje a la inversa, en el sentido de que aprenden no de una experiencia personal sino de la experiencia vivida por otra persona, Miguel Ángel, en este caso, mediante la cual se puede entender que las mismas ansias de búsqueda que tiene Miguel Ángel las comparten las dos chicas. Hay referencias a la política, aunque no queda explícito, pero se podría suponer que se trata de Chile. En “Capullo de vida,” el séptimo cuento, como “Azul” y “Ana,” el personaje asimila las experiencias y aprende de ellas y así madura. Este cuento hace un cuestionamiento profundo por lo trascendental de la vida. Busca encontrar los secretos de lo portentoso de la vida. El personaje, una niña, aprende que para que el milagro de la vida se realice no debe interferir con los procesos de la naturaleza. Se hace, en este cuento, la pregunta que tiene que ver con el tiempo y el destino de cada uno de nosotros. ¿Por qué hemos venido al mundo? ¿De qué gran esquema somos una minúscula parte? Otra vez aparece el tema de lo vivido para iluminar la vida.
“La Gorda ” y “Atenea” son otros dos cuentos de búsquedas. El primero, cuento narrado en un estilo ligero, pero de una profundidad sorprendente, tiene como tema la relación entre la apariencia física y el verdadero amor. Inés, la protagonista, debe luchar contra el problema de sobrepeso que posee. El final es sorprendente ya que no sólo deja a José, a quien había amado siempre y por quien decidió bajar de peso, sino que vuelve a engordar, ahora a propósito. Otra vez la experiencia con el mundo obliga a la protagonista a detenerse y a cambiar de rumbo la vida. Lo que no se explica es por qué vuelve a engordar, tal vez quiere sugerir con esta acción que quien la quiera debe quererla como sea. En “Atenea” la protagonista se muda a una nueva casa después de haber comprendido que su relación con Francisco, la cual había caído en la rutina, no tenía futuro, y así comienza una vida de renovación. “Atenea” es otro cuento de búsqueda, de detenerse en mitad de la vida y reflexionar sobre ella. Se sugiere que estos altos en la vida, que llevan a un cambio, ayudan al personaje a avanzar en el desarrollo personal de autoconocimiento y superación.

Los cuentos hasta aquí analizados bastan para dejar establecido que Camila Reimers no sólo posee mucho talento literario sino que se toma muy en serio su trabajo como escritora. Sus cuentos son muy elaborados y evidencian mucho trabajo de su parte. Como dije al principio, los cuentos largos de Reimers son los más sustanciosos y son los que le dan peso al libro. Esto no es de extrañar ya que el cuento largo le da más oportunidad para desarrollar personajes, para jugar con el lenguaje y para profundizar en los temas. El cuento largo le da el espacio y la libertad para desenvolverse como narradora. Hay cuentos cortos muy buenos también, como por ejemplo “El dominio anglo-sajón ”, “Cara y sello” y “Las burbujas”, que aunque son cortos, están bien estructurados y bien escritos, y con una temática muy profunda, como las tensiones raciales entre los hispanos y la cultura del país anfitrión, la diferencia entre la realidad y la ficción y el abuso sexual a menores (respectivamente).
A través de estos cuentos vemos a Camila Reimers como una de las voces más sólidas de la literatura hispano-canadiense. Sus cuentos son una contribución muy importante y reflejan a una escritora consciente de los retos que conlleva una literatura seria. Camila Reimers se ha encaminado por un sendero seguro y debemos tener la seguridad de que este valor hispano-canadiense nos va a sorprender, en un futuro cercano, con cuentos y novelas de gran peso.


Camila Reimers nació en Antofagasta, Chile, y salió del país en 1975. Vivió en Caracas, por cinco años y llegó a Canadá el primero de julio de 1980. Durante los ochenta vivió en varias ciudades –Vancouver, Montreal, Sudbury– antes de establecerse en Ottawa con sus dos hijos, en 1990.
Desde el momento que abrió el silabario Hispanoamericano supo que su pasión era escribir cuentos. Esta pasión por la literatura se manifiesta en su vida adulta cuando después de estudiar en el pedagógico de la Universidad de Chile, hace sus estudios de postgrado en ‘Language Arts’ en la Universidad de British Columbia en Vancouver, Canadá.
Autora de numerosos cuentos escritos en español, ha sido publicada en antologías, revistas y periódicos de Canadá, América Latina y Europa. Sus dos primeras novelas fueron publicadas en Ottawa, la primera “Hijos de Lava”, en 2005 y la segunda “Tres lotos en un mar de fuego” en 2006 por Art and Literature Mapale & Publishing Inc. La colección de cuentos: “Cuentos de autoamor y de autopistas” en 2009 por La Estrella de San Pedro en Barcelona. Esta colección ha sido traducida al inglés y publicada en Ottawa con el nombre: “Chakra Number Eight: Tales of Humour and Soul” en 2010 por Split Quotation/ La cita trunca.
Tiene también un cuento para niños: ¿Por qué Chile es un país largo y angosto? Publicado en Ottawa en 2009 por la Editorial Qantati Junior.
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