miércoles, 18 de diciembre de 2013

La navaja de Bolaño. Por Omar Cid, escritor y poeta

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“Escribiendo hasta que cae la noche
con un estruendo de los mil demonios.
Los demonios que han de llevarme al infierno, pero escribiendo.”
R.B.  Octubre 1990
 

Roberto Bolaño,  dejó de existir el 14 de julio del año 2003.  Su propuesta  literaria se encontraba en la cima de sus posibilidades. Así lo sorprendió la muerte.  Sin embargo el mito del último escritor maldito crece, sus libros obtienen mayor número de traducciones, los trabajos académicos sobre su producción, poco a poco se incrementan.   En Hispanoamérica es hoy,  un referente indiscutible y obligado.

El factor Bolaño

En Chile, a pesar de la admiración por su trabajo, es uno de los tantos escritores a mi juicio incomprendidos, para no decir mal leído.  Se habla en general de dos claves posibles de lectura, su sintonía con la propuesta de Nicanor Parra y cierta intertextualidad con la obra de Borges; uso el concepto de intertextual bajo las ópticas  de Bajtin y Genette, para el primero “la estructura literaria no existe sino que es generada en relación a otra estructura”  y para el segundo se trata de la  “presencia efectiva de un texto en otro”.  Si bien ambas percepciones de ningún modo son equivocadas,  carecen de otros elementos de interpretación, no se trata de academizarlo todo.  Se trata más bien de leer con ciertos requerimientos específicos a algunos autores.

Si hay algo que caracteriza el ejercicio literario de Roberto,  es el desafío constante lanzado contra sus lectores, las dobles y triples lecturas, las referencias literarias como pequeñas llaves maestras.  “A menudo veía la silueta de Farewell, negra y rotunda, recortada en el quicio de una puerta muy grande. Tenía las manos en los bolsillos y parecía observar con detenimiento el paso del tiempo. También veía a Farewell sentado en un sillón de su club, con las piernas cruzadas, hablando de la inmortalidad literaria”.  (Nocturno de Chile, 2000)

 En Bolaño, existe un proyecto donde la de-construcción de historias es  muy notable, sus personajes en general, hombres y mujeres mediocres, vendiéndose en pequeñas cosas, atiborrados de experiencias fallidas. Incluso la exaltación misma del tema literario, en su libro La Literatura Nazi en América Latina (1996)  trae consigo una singular ecuación perceptiva, donde cada uno de los personajes, no se construye sino que se aplica a sí mismo el símbolo arcano, de la torre desmontada. Otro elemento inquietante de esta obra, es la relación efectiva entre la búsqueda de la belleza a través de la literatura y su relación con la maldad, expresada en los fascismos de distinta índole, el racismo y los fanatismos religiosos.

Con Roberto, los protagonistas sufren vuelcos inesperados.  La pista de hielo (1993) su primera ficción publicada, tiene la estructura de una novela policial, confeccionada desde tres voces narrativas: Remo Morán, Gaspar Heredia y Enric Rosquelles. Este último, enamorado de una patinadora.  “ADMITO QUE EN MAYO di trabajo a Gaspar Heredia, Gasparín para los amigos, mexicano, poeta, indigente. Aunque no quería confesármelo, en el fondo aguardaba su llegada con impaciencia y nerviosismo. Sin embargo, cuando apareció en la puerta del Cartago a duras penas lo reconocí. Los años no habían pasado en balde. Nos dimos un abrazo y allí acabó todo”. (Remo Morán)

Para muchos especialistas  Los detectives salvajes (1998) son su ópera prima, con ella obtuvo el premio Herralde, acompañado de sus páginas volvió a Chile después de veinticinco años.   La novela se divide en tres partes: “Mexicanos perdidos en México”, “Los detectives salvajes” y “Los desiertos de Sonora”.  Los personajes son unos  muchachos pertenecientes al movimiento realvisceralista, liderado por una tal Cesárea Tinajero. Los protagonistas viven en la pobreza real y espiritual, armando felonías, sus logros no son otra cosa que la terrible derrota de lo momentáneo; se trata de un ir y venir incansable, donde la literatura como viaje es la excusa, para hablar de la mediocridad, como si el absurdo se posesionara de cada una de esas pobres vidas,  no existe un solo verso que de testimonio de su poesía, y sin embargo, están dispuestos a caminar sin rumbo, como una opción ante el desencanto.

“Antes no tenía tiempo para nada, ahora tengo tiempo para todo. Vivía montado en camiones y metros, obligado a recorrer la ciudad de norte a sur por lo menos dos veces al día. Ahora me desplazo a pie, leo mucho, escribo mucho, hago el amor cada día. En nuestro cuarto de vecindad ya comienza a crecer una pequeña biblioteca producto de mis hurtos y visitas a librerías” (Los detectives Salvajes, pag 104)

El hijo ilegítimo

El hijo no esperado, llega de la manera menos prudente, reconocido y consagrado en el exterior.  Instalado ya en Santiago, tuvo una resistencia metódica, calculada, no sólo contra los fraseólogos de turno, sino contra la actitud mediocre de una pequeña elite literaria,  amparada en la lógica de los contactos, incapaz de abrir puertas a nuevas voces, por temor a perder sus espacios de influencia.

Desde su mirada irónica, con aire cínico, donde el dedo de Diógenes apunta constantemente, generó quiebres necesarios en el Chile pos-dictatorial.  Cuando se refiere a su obra,  lo hace con la lucidez de quién tiene muy clara su propuesta estética, porque su escritura se forja en la contradicción del sueño y la pesadilla, de éxito y la derrota.

“En gran medida todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación, los que nacimos en la década de los cincuenta y los que escogimos en un momento dado el ejercicio de la milicia, en este caso sería más correcto decir la militancia, y entregamos lo poco que teníamos, lo mucho que teníamos, que era nuestra juventud, a una causa que creímos era la más generosa de las causas del mundo y que en cierta forma lo era, pero que en realidad no lo era”. (Discurso pronunciado para recibir el premio Rómulo Gallegos, en Caracas)

Se sabía incómodo, por eso no dudó en emitir durísimas sentencias, contra la tradición o el canon “Donoso es un escritor con una línea de flotación jodida. Es un autor que tiene libros abominables, malos de salir corriendo.” (“La Tercera” 03/11/1999)

Son declaraciones que a los creadores de La Nueva Narrativa Chilena, hijos entre otros del famoso taller de Donoso, causaron estragos, en su paso por Chile, ninguno de los llamados consagrados se libró de su juicio “Skármeta es un personaje de la TV. Soy incapaz de leer un libro suyo, ojear su prosa me revuelve el estómago…” (“La Tercera” 19/05/2002)

Pocas veces en la historia de un país,  se produce un fenómeno tan particular, como el hecho que un aparecido de la nada, borre con su escritura, el esfuerzo de un conjunto de personas que creyeron fehacientemente, que las hojas de laurel  se encontraban aseguradas.

La navaja de Bolaño

El último libro de Roberto,  2066 terminó por consagrarlo como uno de los autores más cotizados de habla hispana. No era un golpe de suerte, ni un accidente.   Su muerte dolorosa y repentina terminó de cortar de lado a lado, el mapa literario no solo de Chile, sino de América Latina.

Hemos perdido al mejor de nosotros. No sólo a un camarada generacional, sino al que, por derecho propio, se convirtió a poco de irrumpir en la escena editorial en nuestro líder natural.” (Jaime Collyer, “Las últimas noticias” 15/07/2003

El reconocimiento no es de cualquiera, se trata del alma fundante de La Nueva Narrativa, los que  consideraron que su aparición o aterrizaje dentro de la escena literaria chilena, era lo más parecido a la imagen del “huacho” que intenta reclamar algún derecho de familia.

Camilo Marks, crítico literario de El Mercurio, diría  “Se trata de una carrera literaria muy larga, muy persistente y sostenida en el tiempo, con una vocación muy profunda porque él estaba escribiendo desde los ’70. Indudablemente, hubo un crecimiento. Sus últimos tres libros fueron los mejores. Y de seguro que es uno de los pocos escritores hispanoamericanos que hay ahora que se va a seguir leyendo dentro de 50 años más” (“La Tercera” 20/07/2003)

 Desde mi perspectiva,  es imposible referirse a la segunda parte del siglo XX, en el ámbito literario, sin hacer referencia a la obra de este autor que tiende a cubrirlo todo, da lo mismo si su tradición o fuentes literarias se alejan de lo que en Chile se concebía como novela,  lo concreto es que sus cuentos, ficciones, su prosa en general, incluyo el texto Entre Paréntesis donde demuestra ser un eximio lector y crítico literario.

Sus guiños cínicos, el acto reflexivo donde busca la palabra justa, que muchos hubieran querido decir, pero que se la tragaron por falta de osadía, él,  tuvo las agallas suficientes para escribirlas;  trayendo un aire fresco, lo hizo con la voz de quién se sabe escaso de todo, carente de un discurso abarcador, sin convencer ni convencerse, apostó por la literatura, en el territorio donde todos nos hemos vuelto vendedores de algo, con juegos de imaginería hilachenta.

El terno gastado de Bolaño, incomoda.   Su costumbre de comerse las uñas frente a las cámaras, sus ojos risueños y la palabra que intimida, nos hace sentir su ausencia, ante un espacio cultural tan condescendiente, falto de crítica y fundamento, más cercano a la farándula que a una reflexión.  Nos hace falta Bolaño, y por otro lado nos sobran los bolañitos y sus tenaces detractores, unidos todos, de eso no cabe duda, bajo la protección de la academia, escudo salvífico destinado a pontificar las opiniones, de quienes saltan al combate, con la espada pegada a su cátedra.

La navaja de Roberto fue su lápiz,  donde plasmó sus pensamientos, sus sueños, el vagabundear de cada día, de ahí surgieron sus personajes, sus poemas, encerrado en un pequeño cuarto, escuchando rock  y escribiendo con la secreta confianza,  que su trabajo tendrá  validez  para otros, aunque esos otros se tarden años en llegar, Bolaño fue la perseverancia,  el amor desquiciado por el oficio mendicante de escribir.

Sin proponérselo,  sin medir siquiera el impacto de su oficio en las nuevas generaciones, rompió esa afonía estética y social instalada bajo el formato de farándula,  lo hizo con la única herramienta que tenía, su pluma y palabra, abrió con ello las puertas para que nuevas voces críticas se atrevieran a desafiar lo instalado, la llamita que encendiera, este hijo de tantas tierras, impulsa a seguir abriendo nuevos caminos, aunque ello signifique ser acusado de plagio, de inventarnos historias y talleres fantasmas o de dormir con Oscuro de Chile bajo la almohada.
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